jueves, agosto 26, 2010

 

--IBIZA--

El calor es abrasivo como un papel de lija incandescente. Llevo una hora y media subiendo cuestas y más cuestas, curvas y más curvas y más curvas... Ni que estuviese escalando un intestino, la hostia. Ochenta por ciento humedad, treinta y siete grados sol, sensación térmica cincuenta y cinco. Sudor caliente y frío. Riesgo de tembleque. Pajarón. Fiebre. Demasiado tarde para dar la vuelta. Demasiado lejos de casa. Hay que llegar a la fuente. Había una fuente bajo dos árboles, creo recordar. Hace años que no venía por este infierno, igual está seca o la han cerrado. Me muero. Siento que me sobreviene la muerte, siento que me sobremarcha la vida. Una catarata salada, que ni mis poderosos cejarros pueden contener, se me ensaña con los ojos. No paro de secarme con el guante mientras pedaleo. Está como una esponja de mar, empapada y salina. Pongo la palma de la mano sobre el casco y el plástico es la plancha de un frankfurt. No puedo creerlo. Llevo mil años haciendo ésto y siempre en verano. ¡¿A cuántos coño de grados estamos hoy?!  No me digas que es el fin del mundo y me va a pillar vestido de ciclista...
¡La fuente, ya la veo, allá adelante! Sólo unas pocas curvas más...

Lo he conseguido. Paro. No me queda arte dentro ni para apoyar bien la bici. Me muevo como una marioneta. No sincronizo una mierda. Casi me caigo. Las piernas no me responden. Por maleducadas o sordomudas. O quizás sin darme cuenta alguien me ha disparado en las rodillas...
Déjate de tonterías y al agua, me digo. Aprieto con fuerza el pulsador y mana un grueso chorro. Creo que lo amo. Clímax. Subidón. Supongo que estoy sonriendo y a la vez llorando el escozor de los ácidos sudores que cubren mis bellísimas facciones. Optimismo súbito. Dejo el casco a un lado y meto la cabeza bajo el grifo. ¡Oh, My Dog! Perdón: ¡Oh my God! Es como si la diosa más gorrina y placentera del Olimpo me acariciase el cerebro. Esta fuente es una geisha líquida. Joder, tenía el cráneo como el trasto ese de hacer fondues.
Saco la cabeza del chorro, pero me veo obligado a repetir la operación un sinfín de veces. Entre la calor que hace fuera y la que me sale de dentro, el pelo se seca echando hostias. Y dicen que el súper glue seca rápido. ¡Los cojones!
Me tiro veinte minutos bebiendo a pequeños sorbos. Siento que nunca tengo bastante, aunque debo contenerme porque me la bebería a mordiscos como los lobos hasta ponerme malo. Y he de volver a casa. Será casi todo bajada, pero queda lejos y hoy estoy especialmente desfondado.
El descenso es peligroso. Carretera comarcal. Estrecha. Sin arcén. Gravilla. Pinocha seca. Reflejos en precario. Flojera. Sed y más sed. Economizar esfuerzos. Economizar bidón...
Economizar relato: El caso es que he llegado a casa, exhausto, derrengado, penoso, pero he llegado.
Casi me muero. Jamás se me había hecho tan larga y dura una salida en bici. Claro que, siete kilómetros son siete kilómetros, poca broma.
La próxima la haré de cinco si acaso.



sábado, agosto 21, 2010

 

--REALISMO SEVERO--


-Mi currículum vitae, señor.
-Bien. Operario sin cualificar. 54 años. Estudios primarios. Casado. Dos hijos. ¿Está en paro?
-Sí. Se me acaba en tres meses.
-¿Y por qué tendría que darle trabajo?
-Porque no tengo.
-¿Y por qué no tiene?  ¿Acaso le han puesto en la calle por incapaz, por ineficaz, por incompetente, por inoperante, por vago, por ceporro, o por ambas cosas?
-La fábrica cerró. Era familiar. Y ahora la ha vuelto a abrir el hijo del dueño con otro nombre.
-¿Y por qué se ha cambiado de nombre el hijo del dueño? No entiendo.
-No, él se llama como siempre. Lo que cambió de nombre es la empresa. Antes se llamaba “Embalajes Radomiro e Hijo” y ahora sólo se llama “E Hijo”.
-Bien. El caso es que por lo que veo es usted el típico perdedor ¿no? A su edad y con su experiencia, no me negará que ha tenido tiempo para labrarse un futuro.
-Bueno, verá, soy de origen humilde, empecé a trabajar a los quince años para ayudar en casa, luego me eché novia, más tarde me casé, tuve hijos, les he mantenido y dado estudios, hace unos diez años acabé de pagar la hipoteca del piso... O sea que hasta ahora me he ido labrando el porvenir, creo yo, pero no tengo la culpa de que la fábrica nos haya despedido a todos, oiga.
-¿Y había muchos perdedores más en esa empresa?
-¿Tiene que decirlo así?
-Vale. ¿Había muchos fracasados más en plantilla?
-Sobre cincuenta, más o menos.
-Bueno, el tema, si lo estoy captando bien, es que como está acojonado porque se le acaba el paro, se arrastra ante esos empresarios que tanto odia para suplicarles la caridad de un empleo, ¿no? ¿Y no ha podido encontrar trabajo en casi dos años? ¿Qué ha estado haciendo? ¿Viendo la tele? ¿En los bares jugando a las cartas? ¿Tocándose los huevos?
-¡Qué va, qué va, por Dios! Empecé a buscar desde el primer día, se lo juro. Y en este tiempo he estado en un par de sitios con contratos de obra, y ya sabe, eso dura poco. Si para mí estar desempleado resulta angustiante. En el paro se gana justito, y cada vez menos. Ahora cobro ya una miseria que apenas me alcanza para llegar al día veinte de cada mes. Me he comido poco a poco los ahorrillos esos que se intentan guardar por si ocurre alguna desgracia. Y si agoto el paro, con la ayuda social, no me llegará ni para afrontar los gastos más elementales.
-Ya estamos con la copla de siempre. El Papasito Estado tiene que cuidar de usted, ¿no? Usted no tiene que preocuparse de nada ¿verdad?, que para eso está la hacienda pública, para mantener a los ociosos.
-Bueno, oiga, que yo me he tirado casi cuarenta años cotizando y contribuyendo a la prosperidad del país, parques, carreteras, hospitales.., y ni siquiera me han operado nunca de nada. Vamos, que afortunadamente no he hecho apenas gasto.
-No lo habrá hecho usted particularmente, pero seguro que su anciana madre se ha hinchado de recetas, empastillándose a dos carrillos.., y a sus niños los llevaría al pediatra en su momento, ¿no?
-Hombre, sí, pero es que si uno saca las cuentas bien, al cabo de tantos años ha pagado una suma impresionante, entre cotizaciones, impuestos, zonas azules...
-No, si encima, la nación le va a estar en deuda...
-Yo no digo tal cosa, señor. Yo lo que digo es que si no encuentro trabajo, no podré hacer frente a los gastos, y si acabo en la pobreza perjudicaré al resto de la comunidad porque eso acarreará que la industria telefónica me pierda como cliente, y la eléctrica también, y la del agua, y la del gas, y la gasolinera, y la informática, y la verdulera, y la zapatera, y la panadera, y la relojera, y la albañilera, y la fontanera, y la ganadera, y la automovilística, y la mecánica, y la hostelera, y la editorial, y la ferretera, y la papelera, y la electrodoméstica, y la cinematográfica, y la museística, y la dentística, y la óptica, y la carpintera, y la tabaquera, y la ferroviaria, y la autobusera, y la de la aviación, y la de objetos de regalo, y la repostera, y la vitivinícola, y la cervecera, y la musical, y la geriátrica, y la fotográfica, y la deportiva...
-¡Ya basta!
-...y todo lo demás.
-Veamos. La cosa es que ahora mismo no dispongo de un puesto para usted en mi planta algodonera. Sus características dificultan la contratación. Es usted casi un viejo, admitámoslo. Estará de aquí en adelante siempre enfermo o lesionado. Veo que lleva gafas y anda un poco torcido... Además, en lo que llevamos de mes ya han pasado por estas oficinas unos cuatrocientos cincuenta mil holgazanes, entre los cuales se hallará sin duda algún excompañero suyo, de los que le ayudaron a hundir la fábrica.
Mire, yo también soy de origen humilde. Un padre que tuve, de profesión pastor, decía que no pueden haber más perros que ovejas. Y ahora las calles están repletas de perros, ¿entiende? sobran perros.  Y otro progenitor que tuve, cazador, decía que cuando los perros se hacen viejos, no cazan ni tortugas, y en esas circunstancias vale más soltarlos por ahí por el monte, que pagarles la comida.
-Si, pero al final, son esos perros asilvestrados y sarnosos que se encuentra uno dando miedo por los caminos y revolviendo las basuras de las urbanizaciones. Entonces también ocasionan muchas molestias y sus consiguientes gastos.
-Resolver eso es tarea de administradores y políticos.
-Sí, claro, aunque conviene recordar que un funcionario aunque naturalmente pague sus propios impuestos, se completa el sueldo con los míos.
-Por cierto, ha dicho usted que tiene dos hijos. ¿De qué edades?
-Un chico de veinte y una chica de dieciocho. El mayor es el chico.
-Pues, para que vea que no soy un ogro, dígales que me traigan sus currículums y veré qué puedo hacer.
-Se lo agradezco mucho, de verdad, pero la pequeña está estudiando aún, y al muchacho lo acaba de contratar el hijo de mi antiguo jefe en su nueva empresa. Le pagan trescientos euros menos que a mí, con pagas incluidas, a razón de diez horas diarias, haciendo turnos y yendo los sábados por la mañana.
-Al final me va a conmover y todo. Por cierto, ¿su mujer también es una perdedora?
-No completamente. Se busca la vida. Es costurera y en una mercería del barrio a veces le dan remiendillos. Saca muy poco, pero algo es algo...
-Pues dígale que venga a verme si eso, que si no está muy hecha polvo, a lo mejor, y sólo digo a lo mejor, la podría coger como doméstica en mi ático. Es que con las emigrantes siempre se anda en problemas. Y ya no sé cuántas he tenido.
-Gracias, gracias, señor, se lo diré en seguida.
-Una cosa: estamos hablando de diez horas, siete días, y aunque de momento no estoy en disposición de asegurarla, si limpia, plancha, guisa y atiende bien a los niños, en cuanto se pase esto de la crisis, quizás en pocos años le podría hacer un seguro de media jornada.
-Es usted un santo. Dios le bendiga.
-La fortuna no me ha caído del cielo, no se crea, que para llegar a donde estoy he tenido que luchar muchísimo.
-Bueno, yo me he deslomado vivo y mire.
-Ssss, acérquese, le diré algo en confianza: un perdedor aunque se mate a currar...



lunes, agosto 16, 2010

 

--TRASHPLANTES--

Estofado de ternera con pollo al aroma de conejo. Soy Don Yo. Usted es el Señor Quiensea. ¿Es importante eso? No entro. No salgo. Es.
Necesito un riñón, pongamos. Coja su tiquet. ¿Y una pierna, no tendrán una pierna por ahí? De mi talla, claro. No me la vayan a coser de un niño o de un masai. Es un poco mierda subir escaleras con piernas que calcen pies de distinto número. Bueno, pónganme la que haya, pero trasplántenle a la pierna que me trasplanten, si no coincide, el pie de otro tipo que sí coincida. Uno que gaste el 45. Ah, y que sea de la misma mano. Me refiero a derecho o izquierdo. No se confunda el cirujano y la líe. Mejor aún: cuando no necesite ninguna, ¿por qué no me trasplantan a mí mismo mis dos piernas? Es decir: cambiándolas de lado, como los neumáticos de los coches. La derecha a la izquierda y viceversa.
¿A qué olerá un pie que ha estado muerto, revivido con mi sangre?  ¿Y si el corazón que la bombea no es el que traje de serie y ahora es de Don Quiensea? Estoy acostumbrado a que todas mis piezas sean hijas de mi madre. Riñón adoptado. Pulmón bastardo. Córnea de pez. ¡Seré donante y receptor, qué coño, con tantas manías, hostia! Deberíamos trasplantarnos unos a otros, qué pasa. Por costumbre. Cambiarnos órganos y extremidades como coleccionistas de vitolas. Don Quiensea lleva mis ojos. Yo llevo sus manos. Cuando le salude será como si se estuviera saludando él mismo. Y yo me estaré viendo reflejado en mi mirada. ¡Toma flipazo!
Quiero que me injerten el culo de otro individuo. De uno que odie especialmente. De ese modo lo peor de mí será expulsado a través de él. Una mierda para ti, hijo de perra! Ja ja ja.
¿Sería usted capaz de morderse los repelos de las uñas, si no fuesen suyas? ¿Podríamos considerarlo un acto carroñero? Pero no, no caigamos en aprensiones, que tiene su parte positiva. Si nos trasplantamos todos entre todos, lograremos al fin la hermandad del Hombre. Estoy convencido. Nadie será alguien por completo. Nadie tendrá un ego al que masturbar constantemente. Un universo de yos compartidos. Yos relativos. Un individuo multirracial. Miscelánea.
La piel. Cambio mi piel ajada de maltrato industrial, por la epidermis puteada de una prostituta. Sentiré en mi tórax todas las lenguas que han pasado por sus tetas. Sentirá en su espalda todos los sacos que pasaron por la mía. Es así.
Pero: ¿tendrá cojones de besarme alguien cuando mi cara no sea mi cara sino la de un desconocido zurcida sobre mis huesos?  Fragmentos de muerto sobre restos de vivo. ¿Será, pues, Don Quiensea un ser vivo con un brazo zombie? ¿No moriremos del todo hasta que nuestra última parte trasplantada a terceros lo haga? ¿Y en la lápida qué? ¿Aquí yace en un 60% Don Yo?
No fumen demasiado, caballeros, que algún día sus pulmones pueden ser míos. Venga, notario, rapidito, un cambio de nombre para estas escrituras.
Ah, qué bien: nuncamuertos, semizombies, casivivos...
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Y a continuación una ligereza para desatascar.
Andorra: un poco de aire entre los coches.

domingo, agosto 08, 2010

 

--EL UNIVERSO DE LOS SENTIDOS--

 Cuando un invidente de nacimiento habla de los colores, ocurren dos cosas opuestas: que sabe perfectamente de qué habla, y al mismo tiempo no tiene ni puta idea de lo que está hablando.
¿Tienen sentido los sentidos?
Existen formas de vida animal que no tienen sentidos (al menos como los entendemos los seres que habitualmente contamos con cinco) y eso nos permite dudar sobre si ellas mismas tienen sentido.
A los primates inferiores, medios y superiores, los sentidos nos comunican con la vida. A través de ellos procesamos y construimos nuestro pensamiento. También las llamas del Perú o los kiwis de Nueva Zelanda piensan e interpretan los acontecimientos por las sensaciones que recogen mediante sus sentidos.
¿Tienen tacto la chepa o los laterales de los cuartos traseros de un rinoceronte macho, hembra o gay?: Poco, si lo comparamos al morrillo de una zarigüella, pero tienen. Así pues, el rinoceronte, homosexual o hetero, percibe que si un canguro adiestrado para cocear rinocerontes, le propina una patada en las nalgas, no es algo de lo que deba preocuparse demasiado. En cambio si le cae a plomo una secuoya en mitad de la chepa, el mensaje táctil que ésta le enviará será la información inequívoca de que va a tener que buscarse en breve un buen par de muletas.
¿El rinoceronte bisexual tiene vista?: Escasa, si la comparamos con el halcón peregrino; decente, si la comparamos con el topo común; y cojonuda comparada con los pezacos transparentes que habitan en las grandes profundidades oceánicas.
¿Tiene algún sentido que los animales cuenten con el sentido del gusto, en tanto que seres no culturales-gastrónomos?: Esta cuestión suscita dudas.
El oso hormiguero, por ejemplo, no tiene las papilas dispuestas en su lengua del mismo modo que un camaleón, una vaca, o una rata. Según se encuentren éstas agrupadas por clases y sectores, permitirán con mayor o menor eficacia la distinción de los diversos sabores y matices que tenga cualquier sustancia.
El oso hormiguero las lleva muy condicionadas a su propia morfología. Está situadas en fila india a lo largo de su delgado medio metro de lengua. En tales condiciones, no es de extrañar que haya resultado ser un animal monodietético. Al parecer sólo se excitan sus papilas con el ácido fórmico, y si le damos calamares, perdices o dátiles, los despreciará por no encontrarles sabor alguno.
¿Significa lo mismo el oído para un animal fuertemente auriculado, que para uno sordo o sin orejas? ¿Oyen ambos con la misma frecuencia?: Parece que no.
Si establecemos la comparativa entre un burro y un albatros, podremos comprobar que al segundo no le caben ondas de tamaño medio ni grande, y en cambio al primero sí. La oreja del burro está constituida como un cucurucho u embudo de apreciables dimensiones. Ello le permite recibir y alojar ondas enormes. El timbre de un barítono entra por los pabellones auditivos de los burros con una facilidad pasmosa, a pesar del grueso de las ondas sonoras y del diámetro de las mismas. No así el albatros, por cuyas imperceptibles orejas sólo son capaces de entrar ondas de cuatro milímetros de diámetro a lo sumo, con lo cual este ave y todas las demás a excepción de los búhos, perciben del ambiente sólo chirridos agudos y finos. Quizás por eso las aves son tan nerviosas y tienen esa mirada de loco.
¿Es el olfato a la nariz, lo que la pernera de un pantalón a la otra pernera del mismo pantalón?: En efecto. Se huele por mecánica.
El sentido del olfato es el único de acción automática y por tanto involuntario, a no ser que hayan otros que también lo sean. Se huele a la par que se respira. Naturalmente que se puede respirar por la boca, pero es que a menudo la encontramos llena, con lo cual indefectiblemente deberemos recurrir finalmente a la nariz. (Para no confundir la nariz con el olfato, conviene recordar en cuál de ellos nos apoyamos las gafas)
¿Podría, valiéndose del olfato, buscar trufas un dromedario?: Por supuesto, pero no las encontraría. En cambio un cerdo, como paradigma de animal inconsciente, sí daría con ellas en seguida. El sistema olfativo de un cerdo es de una eficacia asombrosa y de una inconsciencia todavía mayor: capaz de detectar el sutil aroma de las trufas sin que se lo enmascare su propio hedor. Por eso llamamos “síndrome de olfato de cerdo” al fenómeno de ser ofendido por los tufos que desprenden los demás, aun siendo peor el nuestro.
¿Es cierto que se puede vivir careciendo de olfato?: Sí.
El olfato no es imprescindible para la vida. El ejemplo más palmario es la mosca común: no necesita olfato porque le gusta todo.
¿Alguno de los sentidos que hemos analizado es el llamado sentido común?: No.
Ningún sentido es común, ya que entre las distintas formas de vida que conocemos, las hay que son ciegas, o sordas, o intactas, o disgustadas, o anósmicas.
Al sentido común lo entendemos como sinónimo de sensatez o lógica. Bajo esa premisa pues, ningún ser vivo lo posee. Podríamos encontrar ejemplos a centenares. La cobra de anteojos goza de una vista magnífica (¿no es absurdo?) y además olfatea con la lengua en vez de con las fosas nasales, que sólo emplea para  los resfriados.
Existen animales que ven mejor por la noche que por el día (si eso es lógico, cortémonos las venas) y también los hay con visión daltónica o en blanco y negro. Llegados a este punto nos vemos en la obligación de romper el mito de que el perro ve en blanco y negro. En general no es así: sólo lo es según el tipo de televisor que esté mirando.
El sentido común asimismo se ve lesionado cuando creemos que los animales  de laboratorio son científicos porque se experimenta con ellos. El ratón blanco si se mira ante un espejo lo que está viendo es sin duda un ratón rojo. Si un okapi mirase ese mismo espejo vería un ratón blanco. Pero el insistente roedor estaría viendo un okapi rojo.
¿Tienen el mismo gusto todas las serpientes?: Parece que no.
Observando su comportamiento se advierte que las serpientes cuanto más pequeñas, mejor gusto tienen. Es decir, una serpiente de tamaño culebrilla, puede ser, y de hecho lo es, devorada por una sierpe mayor, pero ésta también puede ser engullida por otra más grande, etc, etc, hasta llegar a la gran anaconda, que no hay quien se la coma ¿Es consciente la anaconda de que si se van comiendo así unas a otras de mayor a menor tamaño, abriéndola en canal nos podemos encontrar con la sensación de estar ante un juego de muñecas rusas?
¿Y los animales que practican el canibalismo, son lógicos?: Pronunciemos un no, rotundo y categórico.
Si una rana toro decide perseguir a otra hasta darle caza y comérsela, significa que le gustan las ranas toro. ¿Por qué, entonces, no se comió a sí misma, que estaba más cerca?: Por carecer de sentido común.

Bien, después de este exhaustivo análisis, espero que hayamos comprendido el sentido de los sentidos, y en qué medida si nos equivocamos es por su culpa.
Eso es todo. Muchas gracias.
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ALGÚN ERROR TÉCNICO AJENO A NUESTRA VOLUNTAD IMPIDE INSERTAR VENTANILLAS DE VÍDEO. ROGAMOS DISCULPEN.
http://www.youtube.com/watch?v=qsK8RV3kDGw


martes, agosto 03, 2010

 

--EL COMBATE DE LA MUERTE--

Sylvester Stalloco siempre soñó con ser púgil, a poder ser de boxeo. Estaba divorciado y tenía un niño en común con otra persona, una hora menos en Canarias. No encontraba trabajo y se le había agotado el subsidio. Sabía pues que si ganaba esta pelea, podría recuperar a su hijo y a parte de su esposa. La gente no confiaba en él. Estaba mayor y fondón. A Sylvester no le sorprendía. La gente no confió en él ni cuando era joven y fuerte porque desde que a los seis años debutara en boxeo infantil sin guantes, perdiendo a los puntos un combate de doce segundos, la gente le retiró su confianza. En cuanto acabó el asalto se apartó del boxeo, sonado y deprimido. La puerta de atrás era su única puerta.
A los veintidós años, tras licenciarse en el ejército, regresó a la actividad deportiva participando en una decatlón que combinaba lucha grecorromana, kárate, boxeo, sumo, capoeira, kung fu, judo, pressingcatch, arrastre de autobuses, tai chi, mudanzas, tala de robles, esgrima, lanzamiento de hostias, brisca y lucha canaria, una hora más en la península. En las series eliminatorias estuvo casi a punto de clasificarse el último. Nuevamente sonado y abatido, se retiró a un convento a meditar sobre la vida y su futuro en ella. Permaneció allí toda la tarde de un sábado. Se le hizo larguísimo. El domingo, ya con más de cuarenta años, decidió dar un vuelco total a su existencia y un vez más volvió a los rings.
Se apuntó gratis a un humilde gimnasio, pues únicamente disponía de los cinco centavos que le dieron al empeñar su monedero. Allí la vieja estrella del boxeo "Old Kid Montano" en cuya carrera sobresalían tres combates nulos, sintió pena y se hizo cargo de la preparación de Sylvester.
Cuatro años más tarde, Sylvester afrontaba su gran combate. Era consciente de que estaba quemando su último cartucho. De aquella velada podía salir con la vida resuelta, una bolsa llena de dólares esterlinos, el cariño de su hijo y el respeto parcial de su exmujer.
Sylvester tenía muchas cosas a ganar y sólo una a perder: el combate.


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