lunes, agosto 16, 2010

 

--TRASHPLANTES--

Estofado de ternera con pollo al aroma de conejo. Soy Don Yo. Usted es el Señor Quiensea. ¿Es importante eso? No entro. No salgo. Es.
Necesito un riñón, pongamos. Coja su tiquet. ¿Y una pierna, no tendrán una pierna por ahí? De mi talla, claro. No me la vayan a coser de un niño o de un masai. Es un poco mierda subir escaleras con piernas que calcen pies de distinto número. Bueno, pónganme la que haya, pero trasplántenle a la pierna que me trasplanten, si no coincide, el pie de otro tipo que sí coincida. Uno que gaste el 45. Ah, y que sea de la misma mano. Me refiero a derecho o izquierdo. No se confunda el cirujano y la líe. Mejor aún: cuando no necesite ninguna, ¿por qué no me trasplantan a mí mismo mis dos piernas? Es decir: cambiándolas de lado, como los neumáticos de los coches. La derecha a la izquierda y viceversa.
¿A qué olerá un pie que ha estado muerto, revivido con mi sangre?  ¿Y si el corazón que la bombea no es el que traje de serie y ahora es de Don Quiensea? Estoy acostumbrado a que todas mis piezas sean hijas de mi madre. Riñón adoptado. Pulmón bastardo. Córnea de pez. ¡Seré donante y receptor, qué coño, con tantas manías, hostia! Deberíamos trasplantarnos unos a otros, qué pasa. Por costumbre. Cambiarnos órganos y extremidades como coleccionistas de vitolas. Don Quiensea lleva mis ojos. Yo llevo sus manos. Cuando le salude será como si se estuviera saludando él mismo. Y yo me estaré viendo reflejado en mi mirada. ¡Toma flipazo!
Quiero que me injerten el culo de otro individuo. De uno que odie especialmente. De ese modo lo peor de mí será expulsado a través de él. Una mierda para ti, hijo de perra! Ja ja ja.
¿Sería usted capaz de morderse los repelos de las uñas, si no fuesen suyas? ¿Podríamos considerarlo un acto carroñero? Pero no, no caigamos en aprensiones, que tiene su parte positiva. Si nos trasplantamos todos entre todos, lograremos al fin la hermandad del Hombre. Estoy convencido. Nadie será alguien por completo. Nadie tendrá un ego al que masturbar constantemente. Un universo de yos compartidos. Yos relativos. Un individuo multirracial. Miscelánea.
La piel. Cambio mi piel ajada de maltrato industrial, por la epidermis puteada de una prostituta. Sentiré en mi tórax todas las lenguas que han pasado por sus tetas. Sentirá en su espalda todos los sacos que pasaron por la mía. Es así.
Pero: ¿tendrá cojones de besarme alguien cuando mi cara no sea mi cara sino la de un desconocido zurcida sobre mis huesos?  Fragmentos de muerto sobre restos de vivo. ¿Será, pues, Don Quiensea un ser vivo con un brazo zombie? ¿No moriremos del todo hasta que nuestra última parte trasplantada a terceros lo haga? ¿Y en la lápida qué? ¿Aquí yace en un 60% Don Yo?
No fumen demasiado, caballeros, que algún día sus pulmones pueden ser míos. Venga, notario, rapidito, un cambio de nombre para estas escrituras.
Ah, qué bien: nuncamuertos, semizombies, casivivos...
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Y a continuación una ligereza para desatascar.
Andorra: un poco de aire entre los coches.

Comments:
Me gusta leerte, siempre es un placer, una crítica llena de humor.

Un beso.
 
Ya sabes, se ha de contrarrestar el drama como sea. Juro que es en defensa propia.
Un besillo, mileidi.
 
Se están creando -o criando, no sé muy bien -órganos en laboratorio. Hay un ratoncillo con una oreja humana en el lomo y un tipo con una tercera oreja en el antebrazo. Todo es empezar. El futuro: órganos personalizados. La multiplicación de los panes y los peces; el milagro de la ciencia. A partir de ahora forzaré a mis órganos a llevar una vida intensa, se pongan como se pongan.
 
Panes con cola de pez, peces con cara de pan, chapatas con escamas, siluros con miga...
Ya sé:
Donaré mi bigote a una comparsa carnavalera. De ese modo podré seguir haciendo payasadas después de muerto, como El Cid.
 
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