sábado, agosto 21, 2010

 

--REALISMO SEVERO--


-Mi currículum vitae, señor.
-Bien. Operario sin cualificar. 54 años. Estudios primarios. Casado. Dos hijos. ¿Está en paro?
-Sí. Se me acaba en tres meses.
-¿Y por qué tendría que darle trabajo?
-Porque no tengo.
-¿Y por qué no tiene?  ¿Acaso le han puesto en la calle por incapaz, por ineficaz, por incompetente, por inoperante, por vago, por ceporro, o por ambas cosas?
-La fábrica cerró. Era familiar. Y ahora la ha vuelto a abrir el hijo del dueño con otro nombre.
-¿Y por qué se ha cambiado de nombre el hijo del dueño? No entiendo.
-No, él se llama como siempre. Lo que cambió de nombre es la empresa. Antes se llamaba “Embalajes Radomiro e Hijo” y ahora sólo se llama “E Hijo”.
-Bien. El caso es que por lo que veo es usted el típico perdedor ¿no? A su edad y con su experiencia, no me negará que ha tenido tiempo para labrarse un futuro.
-Bueno, verá, soy de origen humilde, empecé a trabajar a los quince años para ayudar en casa, luego me eché novia, más tarde me casé, tuve hijos, les he mantenido y dado estudios, hace unos diez años acabé de pagar la hipoteca del piso... O sea que hasta ahora me he ido labrando el porvenir, creo yo, pero no tengo la culpa de que la fábrica nos haya despedido a todos, oiga.
-¿Y había muchos perdedores más en esa empresa?
-¿Tiene que decirlo así?
-Vale. ¿Había muchos fracasados más en plantilla?
-Sobre cincuenta, más o menos.
-Bueno, el tema, si lo estoy captando bien, es que como está acojonado porque se le acaba el paro, se arrastra ante esos empresarios que tanto odia para suplicarles la caridad de un empleo, ¿no? ¿Y no ha podido encontrar trabajo en casi dos años? ¿Qué ha estado haciendo? ¿Viendo la tele? ¿En los bares jugando a las cartas? ¿Tocándose los huevos?
-¡Qué va, qué va, por Dios! Empecé a buscar desde el primer día, se lo juro. Y en este tiempo he estado en un par de sitios con contratos de obra, y ya sabe, eso dura poco. Si para mí estar desempleado resulta angustiante. En el paro se gana justito, y cada vez menos. Ahora cobro ya una miseria que apenas me alcanza para llegar al día veinte de cada mes. Me he comido poco a poco los ahorrillos esos que se intentan guardar por si ocurre alguna desgracia. Y si agoto el paro, con la ayuda social, no me llegará ni para afrontar los gastos más elementales.
-Ya estamos con la copla de siempre. El Papasito Estado tiene que cuidar de usted, ¿no? Usted no tiene que preocuparse de nada ¿verdad?, que para eso está la hacienda pública, para mantener a los ociosos.
-Bueno, oiga, que yo me he tirado casi cuarenta años cotizando y contribuyendo a la prosperidad del país, parques, carreteras, hospitales.., y ni siquiera me han operado nunca de nada. Vamos, que afortunadamente no he hecho apenas gasto.
-No lo habrá hecho usted particularmente, pero seguro que su anciana madre se ha hinchado de recetas, empastillándose a dos carrillos.., y a sus niños los llevaría al pediatra en su momento, ¿no?
-Hombre, sí, pero es que si uno saca las cuentas bien, al cabo de tantos años ha pagado una suma impresionante, entre cotizaciones, impuestos, zonas azules...
-No, si encima, la nación le va a estar en deuda...
-Yo no digo tal cosa, señor. Yo lo que digo es que si no encuentro trabajo, no podré hacer frente a los gastos, y si acabo en la pobreza perjudicaré al resto de la comunidad porque eso acarreará que la industria telefónica me pierda como cliente, y la eléctrica también, y la del agua, y la del gas, y la gasolinera, y la informática, y la verdulera, y la zapatera, y la panadera, y la relojera, y la albañilera, y la fontanera, y la ganadera, y la automovilística, y la mecánica, y la hostelera, y la editorial, y la ferretera, y la papelera, y la electrodoméstica, y la cinematográfica, y la museística, y la dentística, y la óptica, y la carpintera, y la tabaquera, y la ferroviaria, y la autobusera, y la de la aviación, y la de objetos de regalo, y la repostera, y la vitivinícola, y la cervecera, y la musical, y la geriátrica, y la fotográfica, y la deportiva...
-¡Ya basta!
-...y todo lo demás.
-Veamos. La cosa es que ahora mismo no dispongo de un puesto para usted en mi planta algodonera. Sus características dificultan la contratación. Es usted casi un viejo, admitámoslo. Estará de aquí en adelante siempre enfermo o lesionado. Veo que lleva gafas y anda un poco torcido... Además, en lo que llevamos de mes ya han pasado por estas oficinas unos cuatrocientos cincuenta mil holgazanes, entre los cuales se hallará sin duda algún excompañero suyo, de los que le ayudaron a hundir la fábrica.
Mire, yo también soy de origen humilde. Un padre que tuve, de profesión pastor, decía que no pueden haber más perros que ovejas. Y ahora las calles están repletas de perros, ¿entiende? sobran perros.  Y otro progenitor que tuve, cazador, decía que cuando los perros se hacen viejos, no cazan ni tortugas, y en esas circunstancias vale más soltarlos por ahí por el monte, que pagarles la comida.
-Si, pero al final, son esos perros asilvestrados y sarnosos que se encuentra uno dando miedo por los caminos y revolviendo las basuras de las urbanizaciones. Entonces también ocasionan muchas molestias y sus consiguientes gastos.
-Resolver eso es tarea de administradores y políticos.
-Sí, claro, aunque conviene recordar que un funcionario aunque naturalmente pague sus propios impuestos, se completa el sueldo con los míos.
-Por cierto, ha dicho usted que tiene dos hijos. ¿De qué edades?
-Un chico de veinte y una chica de dieciocho. El mayor es el chico.
-Pues, para que vea que no soy un ogro, dígales que me traigan sus currículums y veré qué puedo hacer.
-Se lo agradezco mucho, de verdad, pero la pequeña está estudiando aún, y al muchacho lo acaba de contratar el hijo de mi antiguo jefe en su nueva empresa. Le pagan trescientos euros menos que a mí, con pagas incluidas, a razón de diez horas diarias, haciendo turnos y yendo los sábados por la mañana.
-Al final me va a conmover y todo. Por cierto, ¿su mujer también es una perdedora?
-No completamente. Se busca la vida. Es costurera y en una mercería del barrio a veces le dan remiendillos. Saca muy poco, pero algo es algo...
-Pues dígale que venga a verme si eso, que si no está muy hecha polvo, a lo mejor, y sólo digo a lo mejor, la podría coger como doméstica en mi ático. Es que con las emigrantes siempre se anda en problemas. Y ya no sé cuántas he tenido.
-Gracias, gracias, señor, se lo diré en seguida.
-Una cosa: estamos hablando de diez horas, siete días, y aunque de momento no estoy en disposición de asegurarla, si limpia, plancha, guisa y atiende bien a los niños, en cuanto se pase esto de la crisis, quizás en pocos años le podría hacer un seguro de media jornada.
-Es usted un santo. Dios le bendiga.
-La fortuna no me ha caído del cielo, no se crea, que para llegar a donde estoy he tenido que luchar muchísimo.
-Bueno, yo me he deslomado vivo y mire.
-Ssss, acérquese, le diré algo en confianza: un perdedor aunque se mate a currar...



Comments:
El rollo americano ganador/perdedor ha hecho mucho daño, tanto o más que las idealizadas tetas de los dibujantes de cómics. Yo sigo prefiriendo una mama perdedora, tributaría de la ley de la gravedad, a una ganadora de geometría pueril.
 
Conozco tipos -los tengo al lado cada día- que igual que el del diálogo, llevan toda una vida trabajando sin parar y ahora están sintiendo algo que no se esperaban: miedo.
(Alguno hasta se está medicando para soportarlo)

El miedo es mu malo, oiga.
 
El Opal me supera. Intenté devisar una forma de conectar la tragedia social de Deker con las tetas, y no se me ocurrió. Chapeau.
 
¿Tetas y perdedores? Ya está: a los perdedores nos gustan las tetas. ¿Ve cómo siempre se encuentra alguna relación entre cualquier cosa y cualquier cosa?

Hablando de todo: Ya he abierto el blog anónimo, pero de paso también he montado otro cuyo enlace pueden ver ahí arriba.
Resulta que éste(con el cariñazo que le tengo)me está empezando a dar problemillas de edición últimamente y no sé si es porque está ya muy viejo y obeso o qué coño pasa.
He pensado en estar un tiempo probándolos para decidir después con cuál me quedo.
(Iré informando periódicamente sobre el tema estadístico)
(Mira, un capricho como otro)
 
Las tetas nos gustan a todos. Los perdedores no las catamos.
 
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