sábado, julio 18, 2026
--MAMÁ, MAMÁ--
Estoy intentando hacer una ensalada... Hoy tengo invitados... No puede ser tan difícil... Voy a pelar un poco el apio... ¡Oh, cielos, tiene más hilos que una mercería!... Creo que no estoy preparado para esto... Hice mal en vivir solo... Quizás con Marta me hubieran ido bien las cosas... Si se hubiera parecido un poquito más a mi madre no hubiese cortado con ella... Ay, cómo echo de menos a mi madre... Ella me lo enseñó todo... Aunque, espera, nunca me dijo que los apios eran así... Ella hacía las cosas... Ella lo hacía todo... Antes... Ya no... Nació en el veintidós del siglo veinte... Ahora cumpliría ciento cuatro años... Pero se murió a los ochenta y siete y se quedó con las ganas... La parte buena es que no lo sabe... Ningún muerto tiene ni idea de nada... Da lo mismo si lo recuerda la gente como si no... Porque los muertos son unos desustanciados... Ninguna mierda parte de ellos... Las chorradas y monsergas alrededor de los muertos, son flipadas de los vivos... Y es que los vivos tenemos una incontenible tendencia a montarnos películas. El paripé es nuestro elemento.
lunes, julio 13, 2026
--CONRAD STEIGNER--
Conrad Steigner era considerado por sus cuatromildoscientos amigos como un hombre extremadamente solitario. Y tenía la compleja habilidad de ser muy torpe. Todo se le caía de las manos. Incluso aquellos objetos que se sujetaba con bridas y cinta adhesiva. Tal vez fuese por un tema de nervios. Se movía más que un gorrión epiléptico.
A la edad de 38 años se apareó con Melanie Schultzer, la hija de Joshua Schultzer, un comerciante de lanas treinta años mayor que ella, al que dejaron al margen cuando decidieron unirse en matrimonio y formar una familia.
Se casaron dos veces. Por la mañana con el sacerdote católico Wilson Ortega y al mediodía con el pastor presbiteriano Samuel Sanders, porque Melanie insistió en que quería una segunda opinión. Curiosamente se divorciaron sólo una vez y de malas maneras. El juez le dio la custodia del chalet y el coche a ella, y la de su suegro a él. Finalmente y tras mucha negociación, también le dejaron a Conrad quedarse con la tienda de campaña y la basura de los cubos.
Siendo Conrad un hombre solitario como quedó dicho anteriormente, tener que convivir todo el tiempo con Joshua en un espacio tan reducido le resultó harto incómodo, así que pensó que una buena solución sería pegarse un tiro o convencer a su suegro de que se suicidase él. Pero en cuanto oyó la propuesta, Joshua, que no atendía a razones, salió corriendo de la tienda blasfemando como un demonio y estuvo desaparecido durante más de tres horas, tiempo de sobra para que Conrad enrollara la tienda, cargase la mochila y se largara de allí.
Desde una cabina telefónica llamó a su jefe para decirle que necesitaba tomarse un año de excedencia. A través del auricular oyó un largo suspiro y una voz conmovida que le decía: no hay problema, Conrad, y si no vuelves nunca más, no te preocupes. A Conrad no le gustaban las indirectas y se quedó mosqueado un buen rato. Pero ya le daba igual. Era el primer día de su nueva vida. Una vez en las afueras de la ciudad, cuando empezó a caminar por senderos rurales, le estuvo dando vueltas a cómo hacer las caminatas, si en kilómetros o en millas, y finalmente decidió hacerlo en yardas, que eran más cortas.
viernes, julio 10, 2026
--CICLISMO DOLOROSO--
Lucien Van Der Pringuer corría en el equipo Frankfurter Telefuken. Y era un magnífico gregario, seguramente el mejor. Participó en un montón de Tours de Francia, Italia y España sin llegar a ganar nunca nada a nivel individual, ni una triste meta volante, ni un sprint especial, ni un premio de la montaña o a la combatividad, siempre sacrificándose por y para el equipo. Pero un día, tras una etapa cumbre de los Alpes, ya en el hotel, se puso a analizar los datos de su recorrido en ese día.
En las etapas de alta montaña, con puertos de categoría extra, el pelotón suele estirarse en fila india hasta romperse en mil pedazos, distanciándose unos de otros muchísimo, con lo cual en el equipo de Lucien todos sus compañeros andaban diseminados por las diferentes hileras y grupos.
Así pues la misión de este abnegado gregario fue subir y bajar una y otra vez, desde la cola del último ciclista hasta la cabeza de carrera, repartiendo bidones y vituallas y recibiendo instrucciones del coche sin parar durante los 240 kilómetros.
Y como decía antes, el caso es que analizó los números de su etapa, y contando el montonazo de veces que fue de una punta a la otra de la carrera, resulta que según la suma de los kilómetros y los tiempos que hizo, hubiese ganado la etapa él con una ventaja de doce segundos sobre Miguel Indurain, que fue quien acabó ganando. A su director de equipo no se le ocurrió jamás hacer esa simple cuenta. Tenía a un campeón en sus filas y dejó que Indurain marcase una época.
Ahora, con 67 años, Lucien Van Der Pringuer, cuando se harta de cerveza y lo cuenta en el bar, todos se le ríen.
Y esto nos lleva a una profunda reflexión: ¿Cuánta gente que podría haber sido leyenda en lo suyo, hemos acabado siendo unos mierdas?
martes, julio 07, 2026
--AUTOAYUDAS Y AUTOENGAÑOS--
MORTÍFERO VERANO
Con estas calores se pone uno tan vago, que hace un rato me disponía a no hacer nada y me dio pereza.
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NO SE PREOCUPE, YO LE AUTOAYUDO
Hace poco me he encontrado con un tío al que hacía años que no veía, y va y me dice riendo: "Joder, Blas, casi no te había reconocido. Te estás poniendo la hostia de fanegas, eh".
Y eso mismo podría pasarle a usted, si no le ha pasado ya.
¿Qué podemos responder en ese caso?
Voy a ofrecerle algunas opciones:
1) Sí, es que pertenezco a una especie en peligro de extensión.
2) Sí, es que estoy ampliando la barriga para que me quepa más cerveza.
3) Sí, es que padezco un problema hormonal endocrinológico que me ha alterado las funciones glandulares de las tiroides.
4) Sí, pero más gorda está tu puta madre.
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ANECDOTARIO DE LOS MUNDIALES
-Tenemos en directo con nosotros al mítico delantero salvadoreño, Elmer Pacheco, que ostenta un récord realmente imbatible desde la Copa del Mundo del 86. ¿Podrías recordarnos cómo fue aquello?
-Bueno, sí. Yo en la eliminatoria contra Suiza, marqué 39 goles. Todos anulados. 27 por fuera de juego, 4 por acomodarme el balón con la mano y el resto por falta previa a un contrario. Al final acabamos la prórroga empate a cero y caímos eliminados porque en la tanda de penaltis fallé el mío.
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viernes, julio 03, 2026
--EL MEJOR POETA DEL MUNDO--
Como sé que a esta modesta página sólo se asoma un pequeño pero selecto grupo de personas amantes del arte y la cultura, me satisface enormemente poder ofrecer un fragmento de poema que ha sido descubierto recientemente en los Reales Archivos Nacionales de la Corona de Sevilla, atribuido al grandísimo poeta romántico Gustavo Adolfo Pérez.
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__AY, CÓMO ME GUSTARÍA__
Ay, cómo me gustaría
cariña mía
hundir la cara entre tus tetas
mas son éstas tan pequeñas
que sólo lo consiguiera
si un jíbaro de la selva
mi cabeza redujera.
Ay cómo me gustaría.
Ay, cómo me gustaría
cariña mía
perrear tus posaderas
con mi ardiente cebolleta
en las noches de verbena
pero lo impide de veras
que tengas culo carpeta.
Ay cómo me gustaría...
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Lo he leído un millar de veces y en todas ellas me se ponen los pelos como escarpas. Este poeta era un visionario, un precursor, un asombroso adelantado a su época. Dos siglos antes de la llegada del reguetón y el trap, la magistral pluma de Gustavo Adolfo ya lo previó. Si actualmente podemos deleitarnos con el emocionante lirismo de los poetas y juglares que triunfan en el mundo, se lo debemos a él, a Gustavo Adolfo, el más grande, una auténtica fiera del romanticismo.




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