viernes, agosto 07, 2026

 

--TUTORIAL PARA HACER UN AGATHA CHRISTIE--

 

¿Cuántas novelas de Agatha Christie llevadas al cine habremos visto en la vida? ¿Cincuenta? ¿Y cuántas películas habremos visto con esa misma estructura? ¿Mil? Y es que no hay nada más fácil que hacer un guion de esas características. Ahí va:

TUTORIAL

PRIMER PASO: Una mansión, un palacete, o un hotel de lujo, en los años 20 o 30 del siglo pasado.

El Gran Hotel Royal Palace de Londres. Se celebra un acto benéfico y está lleno de gente de la alta sociedad y empresarios importantes. 

Una empleada va a limpiar una habitación y se encuentra a Sir Charles Livingstone tirado en el suelo. Está muerto. Avisan a la policía. Viene un comisario muy listo con un ayudante. Examinan el cadáver y presenta un fuerte golpe en el cráneo y varios cortes en hombros y cuello. Reúnen a todo el mundo y les dicen que no salgan del hotel porque el asesino puede ser uno de ellos.

Mientras se va investigando, en el hotel no paran de hacer cócteles en los jardines, cenas de gala, bailes, etc. Y ahí vamos conociendo a los personajes.

ESE ES EL SEGUNDO PASO:

La duquesa Catherine Connors, esposa del duque de Connors, primo segundo de los Windsor, que odia a Sir Charles porque les hizo perder una gran suma de dinero en unas inversiones, a raíz de lo cual a su marido le dio una embolia que lo llevó a un estado vegetal irreversible.

Walter Polo, un apuesto monitor de natación que conoció a Hellen Livingstone, la hija del muerto, en una de sus clases. Ese encuentro acabó en enamoramiento con intenciones de boda, pero Sir Charles no lo consintió por la diferencia social y la alejó de él enviándola a un internado de Estados Unidos.

Sam Moyedo, terrateniente agrícola y ganadero, además de prestigioso criador de perros de pura raza. Sir Charles le compraba todos sus perros, tanto los de la caza del zorro y las monterías, como los guardianes y los falderos. Y odiaba al difunto porque estaba convencido de que su mujer tenía un lío con él.

Gladys de Fukerville, esposa de Sam. Siempre insistía en llevar ella personalmente los perros a Sir Charles, cuando en realidad no sentía ningún afecto hacia los canes y sus mascotas siempre eran gatos. Por eso su marido sospechaba. Lo que no sabía es que Sir Charles tras un par de encuentros sexuales insatisfactorios la rechazó. Motivo más que suficiente para que la despechada odiase al muerto.

William Robson, secretario de Sir Charles. Desde el primer día estuvo recibiendo tratos despectivos por parte de su jefe. Y tanto resentimiento se fue acumulando en él, que desde hacía un año, trampeaba las cuentas y extraía sistemáticamente una cantidad de las facturas y recibos para llevarse lo que en justicia consideraba que le correspondía. Un día antes de morir, a Sir Charles le dio por mirar los libros de contabilidad y descubrió el fraude. Llamó a William, le pegó una bronca enorme y dijo que además de despedirle, le iba denunciar.

Gordon Expósito, un jardinero que apareció hace tiempo ofreciéndose para mantenimiento en la mansión de Sir Charles, le reclamaba una prueba de paternidad porque aseguraba que era hijo suyo y de la amante que mantuvo veinte años atrás en un piso clandestino de Picadilly. Sir Charles se negó y le envió a unos matones a pegarle una paliza. Ahora Gordon trabajaba en los jardines del Gran Hotel...

Y así podría uno seguir montándose personajes que odiasen por una u otra razón a la víctima.

TERCER PASO:

Para mantener la atención del espectador, en las escenas de fiesta, cóctel, baile, reunión, almuerzo, cena, o paseo, nos centraremos cada vez en uno de los personajes, para hacerlo parecer el más sospechoso de todos. O sea, que en un momento ves claro que es uno, pero un par de escenas después crees que fue otro. Y así con todos, alimentando el suspense.

CUARTO PASO:

Al final, el comisario los reúne en el salón para desvelar cómo mataron a Sir Charles y quién lo hizo.

Resulta que aunque todos tuviesen motivos para desear la muerte de Sir Charles, mediante declaraciones de camareras, empleados, y personal diverso, uno por uno, los sospechosos acaban pudiendo validar sus coartadas. Todos menos el marchante de arte Mark Pickchard, un tío que no hemos descrito antes porque apenas había salido en la película, pero que había sido visto por un vigilante llamando a la habitación del muerto poco antes de medianoche. También hubo vecinos de habitaciones contiguas que aseguraban haber oído como si se cayera algo pesado y ruido de cristales.

Resulta que Mark Pickchard había vendido hacía años a Sir Charles un Cézanne por 50.000 libras, pero a la hora de la verdad el cheque con que le pagó no tenía fondos. Cuando fue a reclamar a la mansión de Sir Charles, él le recibió en la reja de entrada con dos rottweilers. Se los azuzó y empezaron a morderle mientras Sir Charles se reía a carcajadas. Mark perdió además del trabajo, el dinero y la pierna derecha. Y en la noche de autos, fingiendo ser del servicio, cuando entró a la habitación del malvado Sir Charles, éste no lo reconoció, por llevar canas, una poblada barba y una pierna de madera.

DESENLACE

El autor de los hechos, los explica. 

Mark aprovechando un momento en que la víctima le dio la espalda, se quitó la pata de palo a modo de bate de beisbol y se dispuso a golpear a Sir Charles, pero como sólo se aguantaba con una pierna, en el impulso perdió el equilibrio, se le escapó la de madera, y fue a parar contra los platos y bandejas de porcelana que había en una vitrina. Sir Charles se volvió de inmediato para pegarle un puñetazo a Mark, pero pisó sin darse cuenta la pata de palo, se resbaló con ella y se pegó un cabezazo contra el escritorio, cayendo sobre los platos los rotos, hiriéndose de gravedad y desnucándose al tiempo.

FINAL:

Mientras suena la banda sonora se puede poner cómo acabó el culpable, que en este caso sería que lo juzgaron y condenaron por dos delitos. Primero por intento de asesinato, o sea en grado de tentativa, y segundo por homicidio involuntario, o sea por imprudencia.

Y eso es todo.

THE END



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