viernes, julio 24, 2026
--MARTÍN MARTÍNEZ MARTÍNEZ--
Mi amigo Martín Martínez Martínez era hijo de primos de tercera o cuarta generación... Lo conocí en el colegio, en primaria... Yo tenía nueve años y él ya se afeitaba y bebía vino... Nadie sabía cuántas veces habría repetido cada curso... Pero era un trozo de pan, por eso nuestra amistad duró toda la vida...
Con la edad llegó a creer que era un hombre maduro, aunque lo cierto es que tenía más de cuarenta años y aún llevaba en los bolsillos una peonza y varias canicas... Él argumentaba su evolución diciendo que el tirachinas ya no lo sacaba nunca cuando salía...
A Martín le encantaban las películas de Torrente, pero siempre quería que yo fuera con él al cine para que se las explicara... Como gran carente de habilidades, valoraba enormemente las de los demás, y todo aquello que alguien de su parentela hubiese hecho con sus propias manos, para Martín era de un valor sentimental casi sagrado... Por eso cuando le tocó cuidar de su abuelo anciano, guardó en un joyero las uñas que le cortaba...
Todavía se me humedecen los ojos cuando lo recuerdo... Porque tuvo un mal final, el pobre... Era agosto del 2017... Buscando setas en Los Monegros, al levantar una piedra, descubrió un nido de alacranes... Como le parecieron simpáticos, metió la mano y le picaron todos... Por la noche, al llegar a su domicilio se puso crema aftersun en los picotazos, se tomó cuatro aspirinas con moriles y se tiró en el sofá a ver el Gran Prix...
Cuando fui a su casa al día siguiente, extrañado de que no me hubiera llamado como hacía constantemente, me abrió la puerta arrastrándose medio inconsciente y con el brazo como Popeye... Avisé corriendo a una ambulancia, pero estaba ya tan jodido que en el hospital tuvieron que amputarle el brazo por tres sitios... Aún así, el veneno ya le recorría el cuerpo por todas partes... La doctora me dijo que estaba en las últimas y que si quería acompañarlo en ese trance...
Le tomé de la mano y él con un hilo de voz me dijo que se iba a morir, pero que no pasaba nada porque creía en dios... Me dijo que había visto en la tele un programa que hablaban de dioses y que había descubierto al suyo... Le pregunté que cuál y me dijo que Baco...
Martín Martínez Martínez no tenía ni media neurona, pero era un buen ciudadano... Un buen ciudadano y un gran demócrata: votaba siempre, en todas las elecciones.
