lunes, julio 13, 2026

 

--CONRAD STEIGNER--

 

Conrad Steigner era considerado por sus cuatromildoscientos amigos como un hombre extremadamente solitario. Y tenía la compleja habilidad de ser muy torpe. Todo se le caía de las manos. Incluso aquellos objetos que se sujetaba con bridas y cinta adhesiva. Tal vez fuese por un tema de nervios. Se movía más que un gorrión epiléptico.

A la edad de 38 años se apareó con Melanie Schultzer, la hija de Joshua Schultzer, un comerciante de lanas treinta años mayor que ella, al que dejaron al margen cuando decidieron unirse en matrimonio y formar una familia. 

Se casaron dos veces. Por la mañana con el sacerdote católico Wilson Ortega y al mediodía con el pastor presbiteriano Samuel Sanders, porque Melanie insistió en que quería una segunda opinión. Curiosamente se divorciaron sólo una vez y de malas maneras. El juez le dio la custodia del chalet y el coche a ella, y la de su suegro a él. Finalmente y tras mucha negociación, también le dejaron a Conrad quedarse con la tienda de campaña y la basura de los cubos.

Siendo Conrad un hombre solitario como quedó dicho anteriormente, tener que convivir todo el tiempo con Joshua en un espacio tan reducido le resultó harto incómodo, así que pensó que una buena solución sería pegarse un tiro o convencer a su suegro de que se suicidase él. Pero en cuanto oyó la propuesta, Joshua, que no atendía a razones, salió corriendo de la tienda blasfemando como un demonio y estuvo desaparecido durante más de tres horas, tiempo de sobra para que Conrad enrollara la tienda, cargase la mochila y se largara de allí.

Desde una cabina telefónica llamó a su jefe para decirle que necesitaba tomarse un año de excedencia. A través del auricular oyó un largo suspiro y una voz conmovida que le decía: no hay problema, Conrad, y si no vuelves nunca más, no te preocupes. A Conrad no le gustaban las indirectas y se quedó mosqueado un buen rato. Pero ya le daba igual. Era el primer día de su nueva vida. Una vez en las afueras de la ciudad, cuando empezó a caminar por senderos rurales, le estuvo dando vueltas a cómo hacer las caminatas, si en kilómetros o en millas, y finalmente decidió hacerlo en yardas, que eran más cortas.




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