miércoles, mayo 13, 2026
--CUANDO TE EMPIEZA A SUDAR EL MEMBRILLO--
Tú no verás en la puta vida que un cachorro de león gobierne su familia ni que una cría de elefante dirija la manada. Pero en muchas generaciones de padres occidentales de entre 35 y 45 años abundan los casos en que los hijos ostentan más autoridad que los padres. Por lo visto hay niños a los que si les impides algo o les llevas la contraria, se frustran irreversiblemente y si les alzas la voz se echan a perder como personas para el resto de su vida. Y no es cosa baladí. Eso puede suponer la muerte de una civilización.
Incluso cuando unos padres sean idiotas perdidos, como es bastante habitual, no es bueno que las sabias opiniones de sus geniales engendritos prevalezcan sobre las de ellos, pues podría darse el caso de que, por inexperiencia y juventud, fuesen más estúpidas aún que las de los progenitores. No deberíamos permitir que unos niños que descienden de una pareja de imbéciles, encima los dirijan, porque después ¿cómo hostias vamos a pretender que atiendan a los profesores que les han de impartir conocimientos y sabidurías?
Los niñatos que mandan en sus casas no aceptan autoridad alguna porque jamás han tenido un modelo al que respetar. En cambio el cachorro de león respeta a su madre porque ella cuando se harta de tonterías, le suelta un manotazo, le pega un gruñido y sanseacabó. Y el leoncito ni llora, ni se frustra, ni se va al sicólogo: se achanta y asimila el concepto jerarquía de un plumazo. Y no odia por eso a su madre, al contrario, la respeta y la admira porque aprende que ella tiene más estudios, más calle y más gimnasio que él. La leona que es su abnegada madre y el leonazo que fue su padre y que solo aparece de vez en cuando después de echarse una partida de cartas y unos vinos en el bar, son sus putos referentes y los respeta con la devoción de quien tiene un modelo al que seguir.
Pero en este occidente kamikaze no, los criajos de mierda que no tienen ni puta idea de la vida ni de nada, dirigen a sus padres, ignoran a los ancianos y acojonan a sus educadores. Unos educadores que, todo hay que decirlo, si tienen entre 35 y 45 años, probablemente también estén en sus hogares gozando de unos hijos tan gilipollas y tiranos como los que han de soportar en sus propias clases.
Hala, a disfrutar lo sembrado.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXX
