domingo, junio 25, 2017

 

--LAS CALORES--


Cuando las calores lamen tu superficie como lenguas de soplete, te conviertes en cirio y un desfile de gotas te recorren de arriba a abajo haciéndote cosquillas desde la frente a los pies. 
Cuando los termómetros se ganan el sueldo henchidos de feliz mercurio y el aire parece provenir de un secador, te derrites indefenso bajo la cruelérrima tortura de un sopor que impide dormir. 
Cuando los calzoncillos se te adhieren al culo como un puto tatuaje, se enredan los pelos, escuecen los ojos y te levantas cada día tan hecho polvo como te acostaste, es que es verano otra vez. Y eso siempre te cabrea porque sabes que jamás, por muchos años que vivas, vas a poder acostumbrarte.



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