martes, febrero 09, 2016

 

--CINCO PASTILLAS CONTRA EL MUERMO--


__LA HORRIBLE PRESIÓN DEL ENTORNO AMODERNADO__

Yo salgo a correr por ahí desde hace ya por lo menos 20 años. Hago futin, runin, o como se llame.
Y siempre lo había hecho de forma despreocupada, precisamente para relajarme, para desconectar y liberar toxinas y tensiones.
Pero ahora va y resulta que en mi último cumpleaños me han regalado un reloj de esos pulsómetro que van con GPS y te toman los datos de todo lo que haces: los kilómetros, el tiempo que tardas en recorrerlos, la velocidad máxima, mínima y media, las calorías quemadas, la frecuencia cardiaca, la altitud del trazado...
Y eso me acaba de joder vivo: ahora corro tenso y como sintiéndome vigilado. Pero, joder, es que lo estoy realmente: hay un puto satélite examinando cada uno de mis movimientos, contabilizando cada uno de mis pasos, tomando nota de si mantengo el ritmo o lo bajo.... en fin, un agobio.
Corro intranquilo. Mi cabeza ya no se evade. Y eso era lo que más me gustaba del futin. Mi mente se separaba de mi cuerpo y se iba a su bola. Mientras mis músculos se calentaban como un huevo al baño maría y mis fibras se deshidrataban exudándose por los poros del pellejo, mi cerebro en cambio se refrescaba con ideas nuevas, con fantasías reparadoras, ingrávido y libre como el viento, ebrio de felicidad. 
Pero ya no, menuda mierda. Desde que salgo con eso, no puedo apartar el pensamiento del maldito pulsómetro. Y si continúo haciéndolo es porque me estoy poniendo cada vez más gordo y más viejo, que si no...
Bueno, y también porque estoy mejorando mis marcas.
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