domingo, septiembre 06, 2015

 

--BERTRAND RUSSELL, EL LEGADO--



-BERTRAND RUSSELL, EL LEGADO-

Yo solo era un vulgar ignorante, como cualquiera, hasta que tomé conciencia de ello y me puse a buscar soluciones. ¿Y cuál más lógica que leer un libro titulado "El Conocimiento Humano" para adquirir dicho conocimiento y escapar de las tinieblas intelectuales?
Pues eso.
Y hoy lo que pretendo es saldar la deuda de gratitud que mantengo con el autor dedicándole este pequeño artículo con el que me gustaría difundir su figura entre aquellos que no lo conocéis.
Vayamos pues sin más dilación:

El mayor filósofo galés de la Historia tenía de nombre de pila Bertrand y de lo que viene después del nombre se llamaba Russell, como los célebres actores Russell Crowe y Kurt Russell, el director de cine Ken Russell, el músico Leon Russell, el jugador de la NBA Bill Russell, o el presidente de los Estados Unidos John Fitzgerald Russell.
Seguramente antes de que su familia llegase a formar parte de la aristocracia, algún antepasado suyo fuera un menesteroso sintecho, ya que el apellido Russell en gaélico proviene de "alguien sin casa" o de "dormir al russell" más exactamente.

Bertrand Russell era hijo y nieto de Peter Russell respectivamente. También le unían lazos de parentesco con su madre y con varios de sus hermanos.
Recibió un Premio Nobel que lo acredita como galardonado y una mención honorífica, concedida a título nobiliario, ya que su abuelo era conde.
Como hito más trascendental de su carrera a Bertrand Russell le debemos la demostración definitiva de la Ley de la Física Gravitatoria de Isaac Newton, que era hijo de John Newton, Newton John y Olivio John, de forma simultánea.
¿Y de qué iba?
Se trataba de probar que la velocidad gravitatoria, la fuerza telúrica y la inercia sedentaria se rigen por principios distintos y hasta se escriben de forma diferente. Y naturalmente Bertrand lo cuantificó en Newtons, unidad de medida que entendió como más adecuada. Y es que su argumentación era del todo impecable en cuanto a lógica: "Si los chimpancés y las iguanas se miden en Darwins, la Gravedad deberá necesariamente ser expresada en Newtons" -dijo en el Bádminton College de Oxford durante una conferencia sobre el magnetismo rotatorio y sus escasas aplicaciones.

Y el experimento era muy simple: se lanzaba un Newton a una pequeña altura, la equivalente a un  saltito de bailarín por ejemplo, y se observaba si al caer lo hacía exactamente en el mismo lugar del que había despegado. Se pretendía con eso certificar que mientras que el Newton salta y deja de tener contacto con el suelo, el planeta está girando y por tanto ese Newton no puede caer jamás en el mismo punto del que partió, al haberse desplazado el suelo por la constante rotación del mismo.
Lo que pasa es que siendo el salto tan pequeño resultaba imposible medir la insignificante distancia que la Tierra se había movido.
También pensó nuestro genio que si el salto no era lo bastante alto como para salir del radio de acción de la gravedad terrestre, el propio Newton se desplazaría a la vez que el planeta como cuando una niña salta a la comba siempre sobre el mismo punto.
Y ante esta duda Betrand Russell concluyó que para disiparla sería conveniente lanzar al Newton lo más lejos posible del influjo gravitatorio. Y así se hizo. Efectivamente el Newton fue disparado desde el Cabo Cañaveral a las 11'30 y se le vio desintegrarse a unas 300 millas de distancia al regresar a la atmósfera un par de horas más tarde. Ese fogonazo en el cielo supuso la prueba indudable de que Russell estaba en lo cierto.
Por eso desde entonces los petardos se miden en Newtons.
Gracias Bertrand.



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