sábado, agosto 22, 2015

 

--LA GUADAÑA CIRCULAR EN UN PUTO ACTO--


Todo era muy extraño. Llegué a la puerta. Piso compartido. Cuatro trabajadores. Electricista. Mecánico. Pintor. Albañil. Uno primo mío por parte de madre. Emigrantes. Holanda. Toqué el timbre. Me esperaban. Mi primo abrió. Entré. Saludé. Dos miraban la tele desde el sofá. El otro buscaba algo en un cajón. Yuky Janovski estaba sobre la mesa. Encima de unos periódicos. No era polaco. No era checo. No era humano. Era un yunque de nueve kilos. Nadie convive con un yunque. En ningún apartamento es necesario tenerlo. Y aún menos ponerle nombre. Hay objetos con nombre y objetos sin. Pues decir: ahí tengo mi Peugeot. Puedes decir: me encantan los Mac. Pero nunca harías lo mismo con una secadora: mira, es mi Zanussi. Ni se te ocurre hablar del microondas en esos términos. Hay cosas con nombre y cosas sin nombre. Hay cosas que enorgullecen y cosas que dan lo mismo. Cosas que merecen respeto y cosas que merecen anonimato. Los yunques pertenecen al segundo grupo. No es tan difícil de entender. Pude asumir que tuviesen un yunque. Pero no que se refiriesen a él mediante un nombre. Me sonó mal. Muy mal. No le encontré sentido. Mil posibilidades pasaron por mi cabeza: ¿Dónde has dejado el Yuky Janovski? Oh, sí, ahí, sobre la mesa. Se está empezando a oxidar nuestro Yuky Janovski. Así que di media vuelta y me largué. Mi primo me miró con extrañeza. Pero me largué. Por supuesto que me largué. Echando hostias. Todo aquello era muy extraño. Ya te digo.
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