sábado, febrero 14, 2015

 

--CUENTO DEL SABIO PROFETA ZIRI-PANDRULLO--


ZIRI-PANDRULLO Y FASRUDÍN, EL HIJO DEL ORFEBRE

Estaba Ziri en el ágora de la aldea aleccionando tarugos como de costumbre, cuando se acercaron Nahmeed Fasrudín y su puta madre, los cuales parecían venir, sobre todo el joven, con grande congoja y desasosiego.
(Antes de que se nos echen encima y con razón los sectores feministas, nos apresuraremos a aclarar que su puta madre era un hombre)
Y una vez allí, el sabio Ziri le preguntó:
-¿Qué te trae hasta mí, oh Nahmeed Fasrudín, hijo de Nanbruné Fasrudín, aquel famoso orfebre, y de la gran puta, este señor con bigote que te acompaña?
-Tráeme la duda y la congoja, la incertidumbre y la angustia, maestro Ziri.
-Al sitio adecuado viniste pues. Expón tus inquietudes, que yo las escucharé con gusto.
-Mira, oh gran Ziri, sabio entre los sabios y maestro de profetas: a mí lo que me pasa es que yo ya me levanto por las mañanas con mucho lío en la cabeza, que si paquí, que si pallá, que si va, que si viene, que si patatín, que si patatán, que si parriba, que si pabajo, que si uno dice una cosa y otro otra, que si vete a saber qué será que sí y qué será que no, que si no es oro todo lo que reluce, que si torres más altas han caído, que si vuelta la burra al trigo, que si has empezado tú, que si he empezado yo, que si santa rita rita, lo que se da no se quita, que si más vale pájaro en mano, que si no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista, que si obras son amores y no buenas razones, que si haces te critican y si no haces también, en fin, que tengo tal laberinto en mi discernimiento, que podría seguir hablando en estos términos y no concluyera en dos días.
Oh Ziri, Ziri-Pandrullo, augur y oráculo de las mentes obtusas, luz entre las tinieblas, faro y guía del recto juicio, ¿crees que podrías o pudrieses aclarar mi turbio raciocinio?
-Nahmeed, querido Nahmeed, no sufras ni padezcas, pues cuanto dices encierra verdad y tino; que a menudo lo cierto se viste de embuste y lo incierto de certeza, que no siempre la evidencia escapa de la ceguera, ni lo oscuro yerra. Nahmeed Fasrudín, ve en paz y tranquilo por tu senda pues no sólo es sabio aquel cuyo juicio acierta, como es mi caso, sino que asimismo el patán obtuso puede elaborar conclusiones dignas de ser impresas en papiro para el posterior estudio en los tiempos futuros. Y tu palabra, aunque de forma intermitente, es buena y con provecho, pues dices bien, amigo mío, dices bien.
Entonces, Fasrudín y su puta madre, tras agradecer al sabio sus servicios con diez libras de centeno y un gallino hembra, marcharon aliviados de vuelta a casa.
Mas un hombre de los que allí hubieron presenciando la escena, mostróse dubitativo y preguntó al profeta:
-Ziri, estoy sumido en asombro: ¿Qué magistral fórmula dominas para la comprensión de lo humano? ¿Qué les das a las gentes, que tanto bien les proporciona?
-Pues lo que todos quieren, hermano: la razón.

Y acto seguido, Ziri, solemne y arrogante, se puso en pie, dirigió sus pasos hacia el chopo más cercano porque se estaba meando desde hacía rato, se arremangó la túnica y orinó con larga satisfacción mientras todos le aplaudían.
_FIN_


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