miércoles, septiembre 10, 2014

 

--FOTOS, FOTOS Y MÁS FOTOS--

EDITO:
Me ha amanecido esta mañana con luces no de mi pasado sino anteriores. Y lo digo así porque son los días los que lo amanecen a uno; que ni el sol ni los albores son dueños de nada.
Y ha sido como si el seso adoptara ademanes cardenalicios ¿o episcopales? -lo que más alturas tenga- y demandara ornatos en desuso: Que me he levantado antiguo, vamos. Más antiguo que yo mismo. Con gusto por lo enredado y por lo recio, pues hay ratos en los que a uno le desaniman los mobiliarios de aserrín y añora la torneada robustez de los nogales, de las hayas, de los robles, las caobas, los cedros y ¡hasta los pinos, qué caramba! ¿Quién le hubiera jurado al antepasado que un día el pino tendría tanto mal al que compararse que saldría victorioso y con orgullo? 
Pues sí, tal vez mañana la veleta de los humores me toque a diana con distinta decantación y me dé por escribir con kas todas las ces y las cus que lleven consigo las palabras sintiéndome con ello un poco más actualizado y un poco, digamos, más merecedor de futuro. 
Pero no, hoy no. Hoy las cápsulas ovaladas de tejido conjuntivo que se me comprimen en los calzoncillos se han amanecido hartas de comprar ikeas. Y por un momento, de entre mis cojones -porque de eso estábamos hablando- me ha parecido que emergía Unamuno, fíjate.

FIN







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