sábado, mayo 07, 2011

 

--NOCTURNO DIESEL--

Me yergo cenital: son cosas, ya ves. 
Las ganas de mear asesinan de nuevo la noche.
Tengo la boca de garrafón agrio y los bolsillos vacíos.
Nunca llevo dinero en el pijama.
Chupitos de gasoil.
Hijoputa de tabernero.
Ventana.
Visillo.
La bombilla moribunda de la calle ilumina el farol y casi.
Bajo él, un paraguas oscuro cubre al sujeto de largo abrigo. 
Tiene los pies uno al lado de otro. 
En el interior de un par de zapatos. 
Lleva el móvil pegado a la oreja.
Y está asombrándose mucho, parece.
Se ve que oye voces expiradas.
No reconoce ninguna.
Mil frecuencias cadavéricas pronunciadas hace la hostia de tiempo.
Timbres ya ceniza y tierra santa.
Perros atropellados de camión que dan un salto final con lo que queda de sus nervios.
Y que se ven después.
Por el retrovisor.
Allí hubo una cabina telefónica.
La derribaron para construir un espacio en blanco.
El hombre de la acera no sabe que se halla justo encima de un antiguo cementerio de llamadas.
Llamadas muertas que vagan por el limbo.
Donde van a parar aquellas palabras que no fueron capaces de resolver ningún asunto.
Como dioses de otra cultura sin jurisdicción en la nuestra.
Mi alma, la tuya, y la del tipo del paraguas, no andan en su radio de influencia.
Debo volver a la cama.
Me echo un fogonazo de desodorante Williams Ice Blue en los sobacos y otro en la boca: noto que huelo a llamada perdida.
Ah, no me preguntes nunca más si me gusta tu vestido.
Me gusta que vas dentro.
Estoy cansado de repetir todas las cosas ciento doce veces coma cinco.
Y de terminar hablando en decimales como siempre.
Son unidades a las que faltan golpes de cincel.
Como si una llamada las hubiese interrumpido antes de ser concluidas.
Números desmembrados por un camión.
Tropiezo lentamente con objetos cuya ubicación conozco.
Las sábanas no deslizan una mierda.
Es un levísimo sudor por todo el cuerpo, como el de cuando uno va tirando a enfermo.
Estás tan tibia, cariño, que me ahuyentas los malos rollos.
Creo que el individuo del farol se ha colgado.
Como un asqueroso pc.
Te murmuro.
Muy bajito.
Para no partirte el sueño.
Que con uno que se joda ya vale.

Comments:
Si se es claro en el pensamiento se obtiene el galardón de la lucidez, como si el pensamiento por sí solo permitiese expresar el misterio o lo inefable o al menos permitir su penetración. No; hay que pillarlo por sorpresa, con la guardia baja, aquietado e incluso vencido. Nos construimos con el pensamiento y agostamos la percepción intuitiva impidiendo que todo lo que somos sea desbordado por la ráfaga del presente: no estamos, ¿cómo vamos a ser?
Cuando usted se pone de profundis es la hostia señor Blas.
Todos deberíamos pasar por la cárcel de Reading sin que nos consuma del todo.
 
Una mala noche, don Opal, una mala noche, sólo eso.
El estómago o se contrapesa o se ulcera. No vale, oiga usté póngame dos más de risa, ni, venga una ronda más de llanto. Que de todo se pota, de caviares y de barros.
No supe decir que no. Y me llevaron a un bingo. Un bingo dirigido a medias por Fellini y Passolini, por lo peor de ambos. Fue más aburrido que ir a misa. Me cago en la puta madre... y encima le digo al tío -graciosoquesuno-, oiga póngame si eso algún güisquete de nivel, de Dyc parriba, nen.
Acordamos un Nocando y me puso gasoil, gasoil me puso. Joder, yo que estoy en malos tiempos, va y me pone gasoil, el peor mejunje que he bebido en mi puta vida. Y como no soy de liarla, me lo tragué tapándome la nariz y riyéndome padentro.
Luego, dormir era una mala atracción de feria.
Ochenta y siete, ocho, siete; noventa y cuatro, nueve, cuatro... ostiaputa...
 
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