domingo, septiembre 27, 2009

 

--CRUZADA ANTIEXAGERACIÓN--

Cuando uno ve reportajes de festivales de cine y analiza las ruedas de prensa o las entrevistas de radio en las que hablan los diferentes directores, se queda uno menguado, empequeñecido, miniaturizado & encanijado.
Buena parte de ellos, al explicar su nueva obra, te dejan boquiabierto cual si fuesen odontólogos. Pero no lo son: son sabios, sabios del copón.
Si se les escucha atentamente -sin haber visto su peli- uno se dice: Joder, qué bárbaro el tío. No veas la de cosas que ha expresado el cabrón en su obra. Lo ha tocado todo, una realidad social, la injusticia, las recónditas estancias de la mente humana, el peso cultural que impele al protagonista a actuar de un modo u otro, la estética de un momento histórico, las complejas relaciones humanas desde una óptica nueva, abriendo vías inexploradas, rompiendo con el tabú, mostrando la maquinaria egoísta de la civilización... y todo eso haciendo guiños-homenaje a escritores malditos, a cineastas despreciados, y naturalmente a los grandes maestros incontestables.

Cuando escucha uno a artistas, véase pintores, escultores, arquitectos, ocurren cuatro cuartos de lo mismo. (No veas la de cosas que hay en ese cuadro abstracto de texturas tierra con chorretes colorados, amigo, o la cantidad de conceptos que encierra aquel hierro clavado en arcilla, o lo que llega a significar la cara norte de ese edificio)

Y cuando oye uno a escritores, ya es la rehostia en vinagre, a poder ser de Módena.
Joder, que culturón, qué conocimiento total de todo, qué colosal erudición, qué filosofazos, qué antropologazos, qué sociologazos y qué artistazos.

Pues bien, cuando uno se ha quedado con el flipe de su vida escuchando a un Gran Sabio Creador, resulta que lee en una revista cultural o blog especializado a otro sabio demostrando que ese tipo no es más que un puto fantasma, que está caducado perdido, que su última peli es de una falta de ideas acojonante, que de ocho años para acá siempre hace la misma película y que su discurso, lejos de ser original, simplemente se ha vuelto reaccionario y le tiembla el pulso, que es un burdo propagandista pagado por un grupo de poder, que en realidad es un palurdo, que no tiene ni idea de cine y que en su peli plagia descaradamente a Godard, a Greenaway y a Kevin Costner.

Oiga, que hacer cine no cuesta una mierda, y escribir, pintar, esculpir o diseñar, salvo excepciones, tampoco es para tanto.
(He dicho salvo excepciones)
(Salvo excepciones he dicho)
(Salvo excepciones)
(Conste)


Para escribir una buena cosa, guión, poesía, cuento... no es condición indispensable (del latín “Conditio Sin Cuyo Cualo”) haberse leído antes absolutamente toda la obra humana; ni para realizar una buena peli haber visto todas las que se han hecho en el mundo desde Pepe Paco Lumiere a nuestros días, reteniendo además indeleblemente en la memoria cada una de sus secuencias, la ficha técnica completa y la biografía del autor.
¿Qué, lo sabes todo? Cojonudo, nen. (Si estuviera en mi mano, ningún individuo del planeta sería inculto, empezando por mí)
Pero como la realidad es la que es, desde ella voceo mi risible quejío a los Artistas de La Tierra:
¡No exageremos, joder, no exageremos!

Comments:
Desde que Spielberg hizo La lista de Shindler parece ser que sin una melodía de instrumentos de cuerda cualquier cosa filmada que trate sobre el Holocausto no conmueva. Es de obligado cumplimiento. Como lo es que los bebes que salen en las películas meen a los que los acogen en sus brazos.
Se es analfabeto emocional si uno no se conmueve con el propósito del chelo, del violín o de la meada.
Desde que Sancho Panza fue alfabetizado todos los molinos de viento son gigantes. Pero no luchan.
 
aun con la boca abierta y sin anestesia, discrepo en un punto: el holocausto siempre impresionará (con su permiso cambiaré el verbo, que para el caso tanto da) aunque le pongan un reguetón de fondo. seamos honestos, no son los chelos, son los uniformes. un holocausto con nazis vestidos de camuflaje daría risa por más chimeneas que hubiera, y en eso hollywood ha sido perspicaz (y cansino).
 
La cúspide de la emoción-conmoción-impresión, por tanto, la encontraremos en una secuencia en la que un nazi de uniforme tome a un niño también nazi que le mee en los hocicos, mientras Pau Casals toca aquella tan famosa, empapando de lágrimas un chelo permeable, moribundo.


(Desde que el tiempo se hizo industria, todos los molinos son eólicos)


(Y quién, en su sano juicio, no llora con un reguetón...)
 
El mundo del arte está banalizado por no disponer de un criterio objetivo como lo dispone el de la ciencia: la asquerosa pero eterna utilidad. Entonces, lo bueno se mezcla en la mierda, lo original se hunde en en discurso de los recitadores, los charlatanes florecen por doquier, el relativismo gilipollesco campa a sus anchas...

Ese panorama podría cambiar, pero no creo que aquí nadie viva para verlo.
 
Estoy de acuerdo.
Lo que hay es mucha, palabrería, mucho circunloquio, mucho teorismo-peroratismo, y mucho no sé qué más.
En definitiva: hay mucho niño pera (con independencia de la edad) y mucho lechuguino "yo sí que sé" de ornato tendencias ultraúltimas oich por dios...
 
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