jueves, marzo 12, 2009

 

-LA NOCHE DE LOS ECLIPSES-

Todo se encuentra oscuro esta noche. Y vacío y hueco. Los semáforos están en negro. No hay nada ni nadie. La ciudad, el mundo, el universo, la calle, toman cuerpo de desierto. Hasta los coches que pasan van sin conductor. Tristura. Acontece el gran eclipse, la madre superiora del eclipsamiento, la puta madre de todos los eclipses.
Urano tapa a Saturno y Marte a Urano. Entre los tres ocultan a Venus, y Venus hace lo propio con Júpiter, que cubre a Mercurio. La Tierra, que es oscurecida por Neptuno, apaga la luz de La Luna, y Plutón que no pasa de meteorito de mierda, se ha clavado en el culo del Sol, –si no para hacer sombra, al menos por joder- un Sol que se eclipsa definitivamente por la compinchada suma de todos sus planetas.
La opacidad reina.
Y todo está fosco en esta noche de silencio mortífero. No se oye un ronquido, un jadeo, un suspiro, una tos con perdigones, ni un grosero tiro al flato. Nadie pota en las esquinas hoy.
En otras noches no tan malas, no tan chungas como ésta, se escucha al menos cómo se corren las persianas, (porque las persianas cada noche están en celo) o el aullido de los perros que merodean por los contenedores imitando antiguos lobos alrededor de una cabra.
Ya no se está bien ni en el retrete.
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Esta obra tan hondamente sentida fue escrita por Adelaido Mortezumo Canutier, dos días antes de que faltasen tres años para su muerte. Podemos hablar por tanto de obra póstuma, o sea una obra escrita después de muerto el texto. Era contemporáneo de Baudelaire, Apollinaire, Boletaire, Buenosaire y Voltaire, pero de distinta época, con lo cual tenemos clara muestra de su intemporalidad. Era un artista universal en Saint Pasteur de la Riviere, una pequeña localidad francesa al sur de Bourdeaux. Un día unos pescadores de truchas bourdeando el río encontraron su cadáver desnudo de cintura para abajo. Se cuenta también -pero no hay pruebas fehacientes- que esos mismos pescadores le embalsamaron los huevos e inventaron la petanque française.

Comments:
Señor Blas, conozco al batería de Smasch. Vive, como yo, en Sevilla. No es fuerte. No sé si es débil (ya no toca la batería). Debería cortarme las uñas. Mañana. Vive en mi barrio. Mañana.
 
El señor baterista perteneció a algo grande, a algo muy grande, a algo -como casi todo- sin importancia. En mi barrio vive un tipo que quiere tocar el piano y otro, que es el mismo, que quiere cortarse las uñas. Y se las cortará a una por día durante los diez que dura la semana.
Y es que hay semanas largas, largas...
 
Vaya, habrá que pensarse lo de las uñas :S

Besitos de miel
 
Es que se ha puesto la cosa muy metafísica, bella insectilla.
Besetes azucarados.
 
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