domingo, julio 08, 2007

 

-KARMA.KARMA.KARMILION-

Me levanto de la cama a las siete y como siempre una multitud de periodistas esperan con sus flashes a la puerta de mi casa. La puerta de mi casa es famosa y suele llegar pasado el mediodía. Toda la noche de marcha y aparece con el tabique encalado hasta las trancas. Siempre dice que lo va a dejar. Es un agobio. Necesito algo que me tranquilice, un trasplante de nervios puede. Iré a misa de doce. Es un club muy suyo: si voy yo seremos trece y habrán de cambiarle el nombre. Recuerdo con añoranza las cosas que solía recordar pero ahora ya no me acuerdo de cuáles eran exactamente. Necesito un trasplante de pasado y no descarto cambiar otra vez de mascota. Una que no me influya negativamente. Tuve un perro que murió ciego, un par de gatos que no eran míos ni suyos sino el uno del otro y el otro del uno, unos peces con pocos megas, sordomudos creo, unos periquitos de colores, de colores y de formas, y de sonidos, y de tamaños, y un camaleón comemoscas con una rara visión del mundo. El oculista que no supo curarme al perro dijo que se atrevería en cambio a recetarle gafas al camaleón. A ver quién es el guapo que da con el diseño.
Puedo estar horas y horas pensando en cómo habrían de ser las gafas de un camaleón. Es una gran manera de ir sosteniendo la vida. Si no, se cae.
Porque la vida trabaja sin red.
Eso no admite réplica.
Que no.
Que no.
Y que no.
Habrá quien piense en otras cosas pero es un tarado. Para qué disimular y hacer como que no ha pasado lo que ha pasado. Todos hemos tenido muerte y mierda dentro. El olor es lo que trasciende. No es cierto que tras la defunción se acabe. Al oler un rosal, una mierda, un incienso o un cadáver, fragmentos de ellos entran en nuestro paladar, en nuestras propias narices y con delectación o asco los saboreamos. O, señor, qué peste a cloaca, qué tufo a ratas muertas. Partes físicas-físicas de esas ratas nos han invadido, se pasean por nuestra lengua, se camuflan entre los chorretes de biosoja que tiramos cuello abajo. Tenemos muertos entre los dientes añadiendo sarro a la parte de atrás de nuestra sonrisa.
Sí señor.
Sí señor.
Bola de partido.
¡Nooooooooo!
¡Ha entrado, ¿estás ciego o qué?!.

Hay gente que se baja ectoplasmas por el emule. Multimediums. Cava una buena zanja y se te acabarán las tonterías. Levántate a las siete y descubre con horror que tu puerta aún no ha vuelto. Eso sí que es grave. Un asunto suprabarítono.
El oculista erre que erre quiere ajustarle la mirilla. A la puerta digo. Ya me estoy hartando de él. Ya me tiene los huevos llenos. Nunca me han gustado los oculistas. Creen que lo que ves es gracia suya. Si un fabricante de zapatos se arrogase la autoría de mis pasos me pondría como loco. Tal vez lo llevase a la muerte, tal vez al oculista. Una de dos.
La visión panorámica es maravillosa siempre que se emplee para ella un microscopio.
Malditos médicos. Fui para una rinoplastia y desperté del coma con tres orejas. Es que trabajan demasiadas horas. Es la manera de poder ganar demasiado dinero. Con la nariz encalada hasta las trancas. Entonces perdono a mi puerta, respiro al perro ciego, metabolizo parte de su muerte, charlo con los peces, buceo un rato, les arreglo los papeles a los gatos, les pongo huevos a los pericos y le regalo un cayado telescópico al camaleón. Ocho, impar y rojo.


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