domingo, mayo 20, 2007

 

-FRANK ZAPPA- 5 -

Frank Zappa era consciente de que en aquel trabajo no tenía mucho futuro. Jamás le dejarían entrar como guitarrista, así que aprovechó la temporada de giras como cualquier otro empleado para robar poquito a poco material de la empresa. Ahora unos enchufes, ahora un amplificadorcito, algunas cuerdas de guitarra para su instrumento, además de ocho cajas de púas sólo por joder.
En plenitud de facultades, con una juventud exultante, no dejó pasar de largo las oportunidades que le brindaba el mundillo del show bussines. Las groopies más viejas, que el gran Elmer Preston despreciaba, a Frank le servían como sobresueldo, dedicándose eventualmente al gigolismo vil.
Vendía sus favores sexuales a cambio de algunos dólares americanos, por ser ésta una de las divisas mejor valoradas en los Estado Unidos. Era, no obstante, un trabajo penoso y duro.
Y mirándolo en cueros resultaba más penoso cuanto menos duro. Dicho en otras palabras: con esas señoras fondonas, arrugadas, repintadas, michelinudas, huesonas, pelícanas, artríticas y feas, un tipo veinteañero se excitaba más bien tirando a poco.
Dependiendo del estado de la clientela, Frank se lo hacía con gafas de invidente o mirando calendarios de taller mecánico, y cuando la vieja inspiraba menos que un cubo de esputos, el chico se concentraba en otra cosa, pensaba en la pasta y se entablillaba el miembro con dos palos de helado dándole unas vueltas de cinta aislante sustraída a los técnicos de sonido.

Al concluir la temporada juntó algo de dinero y algo de material y se atrevió a alquilar un rellano de escalera con derecho a garaje.

Allí dormía dentro de un saco en el que era pisoteado casi todas las mañanas por los vecinos que salían a sus quehaceres laborales con los ojos llenos de legañas, hasta que cayó en la cuenta de que tal vez dormiría mejor en el garaje a pesar de la humedad, que en ese rellano donde todo el edificio se dedicaba a marcar en sus carnes la más variada y extensa gama de suelas.


Fue robando día a día las esterillas de bienvenida que presiden las puertas de los domicilios y con ellas terminó forrando por completo su garaje, haciendo de él una estancia confortable.
Ya acomodado, pagó un anuncio en una modesta publicación solicitando jóvenes que supieran música, para formar una banda de vanguardia.
Al principio contactaron con él tres muchachos intrigados por lo que era vanguardia, por qué quería decir banda, o a qué se refería con la palabra formar. Se llamaban Vinnie, Joe y Tony.
Días despuén fueron llegando otros chicos preguntando por el significado del vocablo música, por dónde estaban los lavabos y por si habían venido Vinnie, Joe y Tony.
Con ese material humano para el casting, lógicamente Frank se tuvo que conformar con Vinnie, Joe y Tony.
Una vez aclaradas las dudas semánticas, creyó que quizás cuando se les pasara la cogorza fueran capaces de tocar algo de música.

Era necesario conseguir una sala de ensayos para que la vida los pusiera realmente en la realidad real, ya que aquel trío navegaba sin descanso en una suerte de realidad supuestamente virtual de percepciones onírico-festivas con serias lagunas funcionales.
Llegado el día, los tres virtuosos, ante el asombro de Frank, se sortearon los instrumentos.
A Vinnie le tocó el bajo, a Joe la batería y a Tony el teclado. Los coros los harían un rato cada uno y si acompañaba la fortuna probarían los tres a la vez.
Frank Zappa se venía abajo por momentos.

(Continuará.)


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