miércoles, enero 24, 2007

 

--JAUME CASAS, Medicina general. Rambla Vella, 32.--

Hay una serie en televisión de éxito multitudinario que se llama Dr. House.
Recientemente he visto dos o tres capítulos.
Un espacio televisivo de esas características no tiene mayor objetivo que el entretenimiento, por supuesto, y no hay pues que pedirle nada más. O.K.

Mientras la veía se me ha ocurrido algo. Vamos a hacer un pelín de parodia:
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¿Qué le pasa a ese tipo.? (Dice House.)
Que tiene hipoglucemia, está bajo de leucocitos y le dan calambres suprarrenales mientras pierde la visión del ojo izquierdo y la sensibilidad en los pies. Además pesa 120 kilos y mide metro sesenta. (Contesta el médico blanquito.)
Venga, quiero ideas. (Dice House.)
Hipertrofia cirrósica quística con alteración linfática inferior. (Dice la médica guapita.)
Glaucoma profundo submetrópico producido por disfunción hepática. (Dice el médico negro afroamericano.)
Tromboflebitis aguda con arritmia post fibrilación coronaria con proceso necrótico subcutáneo. (Dice el blanquito.)
No, (Ataja House.) Es una pericardiotomía vascular profunda con caída de presión sanguínea. Eso se estudiaba en primero, joder. Adminístrenle seiscientos miligramos de heparina y dos frascos de sintrón cada sesenta segundos. No quiero tener que hacerle una pletismografía.
Doctor, constantes vitales al 130, el paciente entra en coma. (Dice el negro.)
Acabo de darle un pinchacito de nada para extraerle sangre y chorrea como un aspersor. (Dice la médica.)
Corten esa hemorragia de inmediato!. Me voy a pensar al lavabo con un yoyo, un cubo rubic, una barbi exploradora y una pelota de béisbol. (Dice House.)
(Al cabo de un rato vuelve y les larga algo así a sus ayudantes.) Tiene el síndrome de Radomguer. Inyéctenle cortisterinoides vía rectal, sodeína, farmacopea genérica y métanlo en vinagre.
Dios mío, ¿cómo lo ha descubierto.?( Dice el blanquito.)
Muy fácil. Todos perseguíamos los síntomas, pero el paciente sufría piorrea quística con ganglios espongiformes. Había ingerido anófeles sin duda. Una dolencia que enmascara las bajadas súbitas de tensión arterial, con lo cual nos equivocábamos de enfemedad.
Hostias, es cierto. ( Dice el negro.)
Un fenómeno, Dr. House. (Dice la chica.)
Buf. (Dice el blanquito.)
(Y se acaba el capítulo.)

Bueno, he escrito esta tontería así, a bote pronto. No he querido currármela mucho para no perder el tiempo en ella, ya que lo que quería en realidad analizar es el tema guionístico de esa serie y de otras por el estilo.
Si insistimos en que su misión es el entretenimiento, no hay nada que objetar. A mí no me aburrió y quizás siga viéndola seguramente. Pero lo cachondo, lo antropológicamente investigable, es cómo puede entretenernos algo que nos resulta completamente absurdo.
Seguramente los guiones de la serie están debidamente asesorados por médicos cualificados y no sueltan una sarta de majaderías como la que yo he puesto hace un momento. Pero lo más cojonudo es que eso no importa en absoluto.
No importa, porque aunque fuesen términos lógicos y patologías reales, tampoco las entenderíamos sin ser galenos.
Resulta que se tiran un capítulo recitando sin parar palabras en jerga médica del más alto nivel, para concluir con un brillantísimo hallazgo por parte de Dr. House, que fuese el que fuese, nosotros tampoco podríamos discutir.
O sea, que la gratuidad de los guiones, y sobre todo su final resolución, son para ponerse a mear y no echar ni gota, ustedes me entienden.
El tema es que si ve la serie un inminente cirujano, seguramente la considerará delirante en su planteamiento fantasioso, pero quizás, y digo quizás, rigurosa en sus terminologías. Y si la vemos nosotros, la gente de otros ramos, pues la consideraremos entretenida pero lógicamente ininteligible.
Entonces:
¿Por qué nos resulta entretenido algo que, digan lo que digan sus personajes, y se resuelva como se resuelva cada trama, no hay posibilidad alguna de criticar ya que no tenemos ni puta idea de lo que hablan.?

No sé si me he explicado con claridade. Pero el asunto, cachondo es un rato, no me negarán.

(Digamos que es como si a mi abuela la lleváramos al fútbol, incapaz como es de distinguir si el Ronaldiño acaba de inventarse una virguería o simplemente se está haciendo la picha un lío con la pelota, y encima le gustase.)
Digno de estudio.

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