sábado, diciembre 23, 2006

 

-CUENTO DE NAVIDAD--

DON ALVARO, de MOLIESE.
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-Alvaro Rata era un usurero leridano que vivía hace muuunchos muuuunchos años, allá por el 1979 de nuestra era en la parte vieja de Barcelona, concretamente en la calle Escudillers, 38, bajo, 1ª.
Proporcionaba préstamos a los emigrantes que llegaban desde Andalucía, Extremadura, Aragón o Bristol y vivía con una solterona ama de llaves a la que hacía dormir en una colchoneta bajo la escalera.

-Papá, eso no puede ser. Si vivía en un piso, ¿adónde llevaba esa escalera.?

-Hijo mío querido, la escalera era de aluminio, de esas de tijera que se usan para alcanzar las cosas, de las que venden en las ferreterías.
Y la pobre señora se la echaba por encima para protegerse del frío en invierno, ya que Don Alvaro no le dejaba más que una raída sábana para que se tapase.
Era muy avaricioso y de alma ruin. Cobraba a sus clientes unos intereses muy graaandes muy graaandes, porque ningún banco les prestaba dinero a los indocumentados. Y de eso él se aprovechaba sin piedad.

-Aaah.

-Fíjate cómo sería de mezquino, huraño, avariento, tacaño, vil, deplorable, cicatero, pendenciero, malo, vil, y ruin, que era doblemente vil, si has estado atento.
Ni siquiera sentía el espíritu de la Navidad. A los niños pobres que en esas fechas pasaban por las casas para pedir caramelos, él les daba a regañadientes unos garbanzos enyesados y les decía que eran peladillas.

-¡Qué malvado!

-Sí, hijito, mucho. Pero unas horas antes de la Nochebuena de 1980, cuando se retiró como cada tarde a su obscura alcoba para contar sus dineros, al encender el camping-gas que usaba para iluminarse, éste refulgió como nunca antes había refuljado, y el Alvaro se dio un monumental susto de miedo.
Una luz como la cola de un látigo empezó a recorrer la estancia. Él creyó que era un rayo, mas no había tormenta en la meteorología. Se hincó de rodillas aterrado y empezó a rezar.
Entonces la luz se detuvo en el centro del cuarto formando una esfera y de ella salió un blanquísimo ángel de largos cabellos blancos, de espesa y nívea barba, de cara redonda y sonrosada, con botas altas y con rojas ropas de invierno.

-¡¿Y quién era, quién era.? Vamos, dímelo, dímelo.!

-Pues era... ¡¿Se puede saber dónde vas.?!

-Al lavabo un momento.

-¡Pues ahora te quedas ahí quieto y escuchas, que aún me voy a enfadar.!
Era el espíritu de la Navidad. Y le dijo: “Alvaro, eres un mal bicho. No quieres a nadie. Eres un egoísta que nada más vela por sus bienes materiales. Por eso estás forrado y solo en la vida. No piensas en los demás. Tienes problemas de interrelaciones interpersonales y además a uno de los pobres niños esos de la calle se le ha crujido un empaste por culpa de tus crueles garbanzos. Unos garbanzos tan duros como tu corazón.
Y otra cosa: Ni tan siquieramente te has dado cuenta en todos estos años de que Asunción, el ama de llaves, permanece contigo pese a tus perrerías porque está enamorada de ti en silencio.”
Entonces el Alvaro se quedó muy compungido, y el orondo ángel le acabó diciendo: “Ya te di mi mensaje. Tengo que irme. Pero te advierto de que si no das una muestra de generosidad y amor en esta Nochebuena, ¡te azuzaré a los renos.!”

-Voy al váter.

-No, espérate hijo, que ya llega el final.
En cuanto se hubo ido el ángel, el Alvaro llamó a Asunción y le dijo que se vistiera sus mejores prendas, que la iba a llevar a cenar fuera.
Ella no se lo podía creer. Lloraba de felicidad. Él cogió un dinero, se lo echó al bolsillo y se llegaron paseando hasta el chiringuito de una gasolinera que había en la esquina. Allí hacían platos combinados, bocadillos y algunas cosas a la brasa.
Se sentaron en una esquina y el Alvaro pidió dos salchichas país y dos rebanadas de pan tostado a la manera catalana, untado con tomate, un tinto de la casa y gaseosa.
Pero cuando iban a empezar a comer, el Alvaro sintió que tal vez no era esa una muestra lo suficientemente grande de generosidad navideña, y como accionado por un resorte, levantó el brazo y le gritó eufórico al camarero: “¡Mozo, venga, que es Navidad, unte otro tomate al pan de la señora.!”
FIN

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