martes, octubre 04, 2005

 

NACIMIENTO SOSTENIBLE


El tópico asegura que uno tiene la edad que siente, no la que indica el carnet.
Es una frase con cierto sentido, a qué negarlo. Pero yo la encuentro demasiado primaria y me apetece sofisticar un poco su contenido, que para eso abrí un blog.

Decir que la edad está en la cabeza y no en la fecha, encierra afanes y añoranzas de juventud. Nunca diría eso un chaval de 18 años.
Y nadie con buen juicio debiera perder siquiera media neurona en desear una edad que no tenga, pues tal cosa pondría de manifiesto que el individuo en cuestión PIENSA en la edad, y eso es una enorme torpeza. Es un perro que muerde al dueño.

Una vez sabido que el tiempo numerado es una convención y por tanto un artificio y blablabla, el transcurso de hechos, la sucesión de aconteceres, nunca debieran ser algo que nos amohinase lo más mínimo.
Que salga y se oculte el sol millares de veces, que llueva, nieve o escampe, que vengan las bermudas o los abrigos, no son cosas que tengan ningún efecto en la edad. Que se entumezcan los músculos, se tuerzan las espaldas o se enturbien los ojos tampoco influye en ella. Que se sea veloz, ágil y flexible nada significa en este asunto.

Todos los seres humanos comienzan su andadura en el PRIMER nacimiento. Luego y hasta la desaparición, tendrán la posibilidad de nacer constantemente.
Si por azar, o voluntad, o por la suma de ambas cosas, el individuo nace a menudo, jamás tendrá tiempo en sí que contabilizar, ni edad en la que malgastar un pensamiento.

En cada idea, en cada pensamiento, en cada creación se nace. Lo sé y lo creo sinceramente.
Sólo envejece y muere sin cesar el ser cuyo pensamiento permanece agostado.
Y la receta no puede ser más sencilla y económica: Pensar. Pensar en crear. Crear pensamiento.
No debe asustarnos. No es un concurso.
El pensamiento creativo no necesita por fuerza ser genial y asombroso. Le basta con ser original, propio.

Nadie sabe si lo que crea ya está creado; ni yo mismo, si esto que ahora digo ya lo ha escrito alguien EXACTAMENTE igual que yo. Pero no lo sé, por tanto es creación. Se puede inventar el tema o simplemente la perspectiva del mismo, o su lenguaje, o el diseño.

Y no debe usarse esta “terapia” como sistema antiarrugas, pues quedaría reducida a las cenizas de un patético autoengaño, tan abundante por otro lado.

Hay que intentar pensar, no en lo que se nos ocurra sino en qué es aquello que jamás se nos ocurriría.
Entonces suele acudir al magín una frase, un verso, una imagen, una diminuta filosofía, un chiste, un sueño, un paso de danza, un comportamiento, un juego de palabras, un deseo...cualquier cosa.

Por eso cuando uno está ocupado en crear algo, sea lo que sea, transcurre y acontece por encima de las convenciones y artificios y no se para a discutir la opinión de un tonto calendario.
Todos los que piensan viven la misma edad: NINGUNA.
El pensamiento no tiene ni puta idea de cotos ni verjas. La idiotez sí, por supuesto. Es ella misma la que los crea donde no había.
En resumen sería que el individuo o es pensamiento o es nada. Y crear es estar naciendo una y otra vez hasta la muerte.


Nadie hay más viejo que yo.
Nadie más recién nacido.

Comments:
Me gusta como empieza usted, pero en lo de que decir lo que comenta implica añoranza de juventud creo que se equivoca. No tiene por qué ser así, y sí hay individuos cercanos a la veintena que lo piensan y dicen, por ejemplo el menda. Y lo cierto es que en parte sí tengo añoranza de mis años ultramozos, pero no es eso lo que me lleva a decirlo. Lo hace el hecho de estar cansado de ciertas situaciones, y quizás pasándome al extremo tópico que comenta, acudir a comentarios relacionados con la frasecita. Pero sólo muy de vez en cuando, precisamente para no pasarme del todo.

Por otro lado, yo nazco continuamente. Pero eso no me hace dejar de pensar en mi edad. Pienso mucho en el tiempo, en mi edad pasada y en mi edad futura. Especialmente en la pasada, y eso al mismo tiempo que nazco continuamente. Y no sólo no es incompatible, si no que es una cosa la que genera otra. Nazco continuamente y me doy cuenta de lo muerto que estaba antes, y eso es pensar en el pasado. Luego pienso en el futuro, porque me vuelvo consciente de que cuando llegue a él, este mensaje lo habrá escrito un muerto.
 
O sea que usted, tierno doncel, ¿echa de menos tener 12 años, por ej.?
No, ni por asomo, me atrevo a aventurar.
En todo caso añorará ciertos aconteceres pretéritos y le estarán jodiendo algunos sucesos actuales.

Y si nos ponemos prosaicos a tope, no creo que se vista como entonces, ni hable como entonces, ni quiera aparentar que tiene esos 12, dándose cremas antibigoteras o jugando con un exin castillos.

Mi artículo tenía dos ánimos casi gemelos.
Uno era más mundano-intelectual y el otro era simplemente mundano. El de la gente que se disfraza y finge ser siempre joven, tipo Peter Pan. Ya me entiende.
Eso es difícl, admitirá, que le pueda pasar a alguien de 19 tacos.
Seguramente como yo tengo ya más de 20, me fijo en esas cosas con mayor interés ya que se mueven habitualmente a mi alrededor personas que se comportan así.(Es como una plaga, oiga.)
Si estoy cashondo me dan risa y si me pillan serio pena.

Y la vertiente intelectual era que estoy convencido que alguien como el mega crack Pablo Picasso no tuvo tiempo de ser ni viejo ni joven, porque como él decía, las musas siempre lo pillaban trabajando.

En particular, yo hace algún tiempo calendárico observé que el peso de mi transcurrir difería del de mis allegados. Y era eso, que por lo que fuese, nacía más veces que ellos. Entonces quise saber la causa y me di cuenta de que era el pensamiento. No podía ser otra cosa.
Pero lo cojonudo es que como dije en el texto, no era imprescindible ser un Picasso.
Es un chollo, morsa.
Dentro de 10 o 15 años me vuelve a contar sus sensaciones al respecto. Será interesante.
Salud.
 
Dentro de 10 o 15 años pensaré que el difunto yo, ahora el actual, es ¿era? gilipollas. Pero vamos, me apuesto la polla si hace falta. Aún digo más, tampoco hay que esperar tanto.. es un ciclo de frecuencia tirando a alta. Supongo que decreciente según me aleje de la inestable adolescencia, pero alta empero.

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No hay nada más aterrador en esta vida que un individuo que uno normalmente ve en plan pacífico-humorístico, invertido a modo agresivo-serioso. He conocido a algunas personas así que han llegado a ese punto de transformación (otras no, aún está por demostrar que exista para algunas), pertenecientes a entornos cercanos, y el surrealismo de la situación cuando se invertían me helaba la sangre hasta el punto en que priorizaba el poner pies en polvorosa. Y es que normalmente eran también individuos inquietates, siempre sonrientes, siempre amables... no era de extrañar que el contraste fuese brusco y desconcertante. De modo que conténgase y no se ponga muy serio, porque aunque a usted no le conozco como para catalogarlo como a ellos, el contraste ya podría ser suficientemente inquietante.

Mire, el ejemplo más cercano de DTGA (Discontinuidad Temperamental de Gran Altura) en un tercero es el de mi amigo del instituto. Un individuo muy correcto en diversos aspectos morales y humanos, de temperamento afable y de altruismo notable. Un auténtico flemático, vamos, con una personalidad anodina y menos atractivo para el otro sexo que el que ahora escribe -que ya es decir-. Pues yo un día me cansé, y decidí testearlo. Como a un procesador o un sistema de refrigeración, a ver cuanta energía malaóstica podía disipar sin fundirse su temperado temperamento. Lo hice por puro aburrimiento, la verdad. Empecé a tocarle las pelotas a própósito, a ver si conseguía desequilibrarlo. Y dale, y dale... Me costó cojones, la tarea resultó ardua pero finalmente alcancé mi objetivo. A continuación salí por patas.


Por cierto, su texto me recuerda al final de 2001. Final que comprendo casi tan poco como un mensaje del Opal, pero que estéticamente me gusta.

Como el otro sexo, vamos.
 
Por cierto y volviendo a lo que quería decir, que me desvío.

Yo añoro mi infancia, no mi preadolescencia docénica. En ambos casos era un capullo, pero durante la infancia era un capullo más simpático. Me gustan los detalles estético asociados a mi infancia, me gusta llevar a la facultad mi estuche de lápices de 2º de EGB y de paso disfruto cuando los capullos me miran con extrañeza. Como ve, me conformo con poco. También me gustan algunos detalles estéticos asociados a edades que quedan en mi horizonte, ¿qué postadolescente no quiere lucir aspectos que aúpen sus primaveras? Algunos, seguramente, pero seamos realistas: es algo normal y encomiable. Tal vez usted recorre ya etapas de mayor estabilidad en esos asuntos, pero en mi contexto es algo perfectamente comprensible. Y eso hablando del plano consciente, porque involuntariamente es fácil salirse del sitio en cualquier dirección. Soy intantil y tengo la madurez emocional de un púber. Mi función objetivo durante mis años bachilleres me dijo siempre que yo pensaba como su abuelita.

Hay cosas peores. O visto desde otro punto de vista, no.
 
En el laberinto si no se es Teseo no se tiene la oportunidad de sobrevivir al Minotauro. Y si se es el Minotauro no se puede sobrevivir a Teseo. En los márgenes del laberinto ora se es dionisiaco, ora se es apolíneo, pero el hilo se enmaraña, las miguitas de pan de pulgarcito se las comen los pájaros y el laberinto de arrabal se hace virtual, imposible de localizar en un punto geográfico concreto. Ya no esta fuera ni dentro de nosotros, y es aún más inquietante. La vida esta en otra parte, que diría el bluesman.
Lo malo de la iniciación perpetua es el hedor de los distintos cadáveres que hemos ido dejando tras de nosotros, y solo tenemos un sistema nervioso central, y de momento no ha arribado el que será el gran mito para las generaciones venideras: La regeneración del sistema nervioso central. Aunque llegado ese momento se fabulará y las células madre se llamaran Magnolia, y el súper ratón que propició el milagro científico, al que en un arrebato de empatía la investigadora nominó mickey, probablemente se seguirá llamando Mickey; el eterno retorno de Mickey permitirá llamarnos a voluntad Teseo o Minotauro. Un mundo feliz exento de cinismo mientras esperamos el cambio molecular de nuestra estructura.
Por supuesto que suena a ciencia ficción, pero perdido en el laberinto de los márgenes soy críptico por incoherente señor surlaw. Ni siquiera surrealista.
 
No, si en lo de críptico estoy de acuerdo. Usa usted un cifrado RSA de un puñadazo de bits, que hace que con mis flops mentales no pille ni el 30% de lo que plasma.

De todas formas, en lo del hedor coincido plenamente. He encontrado hace un par de horas precisamente una carta que escribí hará tres años. El vómito me ha impedido leer más de cinco líneas. Luego he decidido que cada par de años me voy a escribir una dirigida a mi yo futuro, pidiendo disculpas por adelantado.

Salud.
 
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