miércoles, abril 08, 2026
--ASÍ HABLÓ FIEDRICH NIETZSCHE--
El fin de Occidente empezó el día en que bajo los columpios y toboganes de los niños pusieron suelos de goma.
Hace más de cien años, yo, Fiedrich Wilhelm Nietzsche, ofrecí al mundo al Superhombre, un nuevo ser con una nueva idea forjada desde un nuevo cimiento, un Superhombre desparasitado mentalmente y limpio de supersticiones, un iconoclasta que había de germinar sobre un campo libre de cizañas; mas lo que no pude imaginar ni en el mayor de mis delirios es que todos los tiros fuesen a salir por la culata. Porque hoy con gran dolor veo que lo que ha surgido es el HombreCeroCero, un ser flojo, anodino, vago, insulso y pusilánime que destruirá la civilización que heredó, al facilitar sin oponer resistencia alguna, el avance de una segunda subespecie que prospera de forma alarmante: el Supermierda, una masa de estiércol antropomorfo sin talentos, una plaga de cretinos absolutos que se expande en modo metástasis por la faz de La Tierra y que nos conduce a un retroceso de siglos.
El Supermierda, generación tras generación, se va alejando gradualmente del lenguaje para retornar al gruñido, va atrofiando los impulsos intelectuales para abandonarse al instinto, y va despreciando los conocimientos y las ciencias para volver a pintarrajear bisontes por las paredes y encender fuego frotando palos.
Hoy el Hombre CeroCero, en un incomprensible suicidio, facilita al Supermierda las armas con las que lo aniquilará.
Dios no ha muerto. El Superhombre sí.
Fiedrich Nietzsche.
