miércoles, marzo 25, 2026
--ENCHUFAZOS ASQUEROSOS--
Cuando veo por la tele todos esos programas de viajeros por el mundo gritando ¡yujuuuu! en el Machu Pichu, de senderistas que nos muestran el Camino de Santiago o los Pirineos, excursionistas haciéndose fotos con los brazos en alto en las cataratas de Iguazú, y burguesitos mostrándonos las playas de Australia o la noche de Hong Kong, me pongo de una mala hostia que reviento. Y es que en esos documentales que emiten únicamente para rellenar huecos de programación, he visto cosas como:
Un motero recorriendo la ruta de la seda, China, Rusia, Mongolia y todos los países que acaban en istán, intercalando en cada sitio informaciones Wikipedia con sentencias de cuñao.
Un tío que se pasea en autocaravana con su perro por la geografía española visitando a sus coleguitas y contándonos su vida.
Cocineros yendo por todas partes a ver paisajes y a comer lo típico de cada sitio.
O a una familia de urbanitas soplagaitas intentando hacernos creer que conviven con tribus del África profunda.
Y como he dicho, ver a ese hatajo de enchufados de mierda (que no sé a quién conocen para que las cadenas les compren sus putas vacaciones) me produce una envidia que llega a niveles de odio cerval.
Y en consecuencia, yo que no tengo contactos importantes a los que lamer el culo y no me conoce ni dios, he decidido calzarme las zapatas trequin, empuñar los bastones fashion, colgarme la mochila y empezar a grabar mis correrías por el mundo para conocer otras gentes y otras culturas. Y aquí resumo la experiencia de mi primer viaje.
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Cuando después de mucho andar, la fatiga me pedía descanso, me detuve junto a un pequeño arrollo donde un lugareño parecía buscar algo entre los matojos. Le saludé e inicié la grabación.
-Hola, amigo. ¿Entiende mi idioma?
-Buen día. Sí, sí.
-Hombre, eso es tener suerte. Supongo que es usted de aquí.
-Sí, claro.
-¿Y qué está haciendo, se le perdió algo?
-Ah, no, no. Estoy buscando espárragos.
-Estupendo. ¿Le importa si le hago unas preguntas?
-No hay problema, tú dirás.
-Gracias. Da gusto encontrarse con gente tan amable y hospitalaria. Cuénteme, ¿de qué viven por estas tierras, de la agricultura, de la pesca, del comercio?
-Pues bastante de la ganadería, del cereal y de... pero oye, perdona, ahora que me fijo, yo a ti te conozco. ¿Tu madre no era la señora Trini, la portera del colegio Verge de Montserrat? ¿Y tú no trabajabas de carpintero en Roquera Mobles?
-Sí, sí, en efecto.
-Collons, ya decía yo que te tenía visto. Como que eres de aquí, de Manresa de toda la vida. ¿Pero entonces qué hostias me estás contando?
-Verá, señor, es que quiero hacer una serie documental de viajes y estoy grabando el capítulo piloto.
-Pero bueno, no me jodas, tío. ¡Qué viajes ni qué viajes, macagundeu! ¡Que eres de aquí, hostia!
-Ya, pero vivo en la otra punta del pueblo, que está un montón de lejos.
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Y bueno, esa fue mi experiencia. Y uno aprende de los errores, que nadie nace enseñado. Pero, eso sí, yo en mi serie por lo menos intentaré documentarme bien y saber de qué hablo, no como una bloguera que vi el otro día en Españoles por el Mundo.
La pedazo de idiota esa estaba en Sudáfrica por la zona del Cabo de Buena Esperanza y en un momento dado dijo que la población de pingüinos estaba descendiendo de forma alarmante porque las gaviotas y otros animales se comían sus huevos. ¡Menuda pedazo de gilipollez!: La población de homosexuales también se comen los huevos y no para de crecer.
