domingo, marzo 30, 2025
--CUESTIÓN DE ENFOQUE--
Tengo amigos y conocidos que cuando hablan sobre el montonazo de drogas que se han metido en el cuerpo, dicen que lo hacen porque les gusta experimentar. Y eso me hace una gracia del copón. Pero, ojo, también me brinda un argumentario cojonudo para describir lo que ha sido mi vida. Paso a ello:
Yo soy un tío muy inquieto y curioso. Me encanta conocer, adquirir experiencias y sabidurías, por eso a los 13 años empecé a experimentar con la nicotina y el vino con gaseosa.
A los 17, más o menos, mi mejor amigo y yo fuimos a tomar café a un bar y en aquella barra, entre charlas y risas, vivimos la experiencia de tomamos unas doce o trece copas de Soberano. No sentimos nada demasiado especial hasta que nos levantamos del taburete y de repente el mundo pareció convertirse en una barca en medio de una tempestad. Luego experimentamos qué se sentía al vomitar a chorro vivo árboles y farolas.
Cuando hice la mili en el famoso Madrid de La Movida, mientras mis colegas adquirían sustancias de todo tipo en el barrio de San Blas para experimentar cosas, yo me limité a experimentar con martinis, muchos martinis, una puta barbaridad de martinis. Recuerdo que no había ninguna calle recta y que me reía mucho de mis zigzagueos y de los cuelgues de los demás.
Más adelante, de madurete, como mi pandilla ya de parejas casadas era bastante numerosa, no había fin de semana que no tuviésemos algo que celebrar y aprovechábamos para ampliar nuestros conocimientos experimentando a lo grande con vinos de todas partes, cariñenas, prioratos, riojas, riberas, albariños, además de con coñacs, brandis y güisquis de alta gama. Ahí descubrimos que experimentar con un malta de veinte años daba menos dolor de cabeza que con un JB, y que un Protos gran reserva agria menos las digestiones que un Don Simón.
Y ahora de mayor, con el desgaste lógico de tantas experiencias acumuladas, he tenido que bajar un poco las revoluciones y cuando salgo por ahí me limito a experimentar con diferentes cantidades de cerveza, según tenga el cuerpo.
O sea que resumiendo, si aplicamos en mí la percepción que tienen de sí mismos mis amigos drogotas, yo no me he emborrachado en mi puta vida: simplemente me ha gustado vivir experiencias etílicas.
Juro por mi difunta madre que lo que acabo de relatar es rigurosamente cierto.
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