viernes, noviembre 29, 2013

 

--NUEVOS SÍNDROMES Y PATOLOGÍAS--


-¿Policía?
-Dígame. Soy Antoine de Loirette y me pronuncio antuán de luaret. Por las mañanas médico forense y durante todo el día médico forever.
-Me siguen siete personas. Estoy asustado y tengo miedo.
-¿En la calle?
-No, en el facebook.
-¿Van armadas?
-No sé. Me asusta tener miedo. Me están siguiendo siete personas.
-¿Las conoce?
-A algunas sí, a algunas no, y a algunas no sé.
-Vamos a centrarnos en las algunas no sé: ¿Cuántas son ésas?
-Tres, creo que tres, señor policía.
-Soy Antuán de Luaret Pirié, que se pronuncia pirié porque se escribe igual que suena. Los teléfonos en cambio casi nunca se pronuncian como suenan porque cada uno suena diferente. Es el misterio de la vida. Aun así debo recordarle que soy psiquiatra y no policía y que en la rama de psiquiatría, las pes primeras no se pronuncian, pero en el cuerpo de policía sí, porque si no, diría olicía. Verbigracia, si un panadero se dijera anadero, el significado semántico de la palabra se vendría abajo, porque la gente creería que vende patos en vez de panes. Por cierto, ¿cuál era el motivo de su inquietud?
-Yo me llamo Lorenzo Cafarnaún y me están siguiendo siete personas, de las cuales por lo menos tres no me son ni conocidas ni desconocidas. Estoy muy atemorizado, pues el miedo me causa profunda desazón. 
-Cuéntemelo desde el principio sin omitir detalle. Puede confiar en mí. Como le he dicho, soy sargento neurocirujano del cuerpo de policía científica y ahora mismo estoy ocupado atendiendo un caso: el suyo.
-Verá agente, oía ruidos en mi habitación. Era de noche y estaba solo en mi cuarto navegando en un ordenador portátil de esos que se pueden llevar de un sitio a otro sin ayuda y oía ruiditos extraños, percibía presencias, miré para atrás pero no vi a nadie, continuaban los ruidos, miré bajo la cama, sentí que me acechaban, casi notaba sus alientos, pero no podía verlos pues los alientos son difíciles de ver si no los proyectas sobre un cristal o algo y el caso es que allí no había nadie físicamente. Empecé a asustarme y me fui al comedor. Pero la sensación de ser vigilado, perseguido y acosado no desapareció. De pronto mis ojos se fijaron en un punto de la pantalla y ahí es cuando me di cuenta de lo que sucedía: tenía siete seguidores en el facebook y no me había enterado. 
-Bueno, eso es ciberparanoia. Para la gente exhibicionista, tener seguidores es bueno y cuantos más mejor, pero los afectados de manía persecutoria como usted, pueden acabar locos. En el campo de la medicina, distinguimos las gravedades por grados. Así pues, dos es más que uno, tres es más que dos, etcétera. Es decir, por ejemplo: si es paranoia, es grave, si es paradrapo, no, ¿entiende? O sea, que la lesión que puede resolverse con un simple apósito, lógicamente no reviste la misma importancia que la que requiere descargas eléctricas en la cabeza y abundante sedación veterinaria. Todo esto lo sé porque soy facultativo, no de oídas. 
-Pero tengo miedo a que en algún momento esos seguidores me den alcance y me despedacen como las hienas sanguinarias que se abalanzan sobre el cervatillo que no puede correr por esguince de tobillo.
-En cierto modo me viene a huevo esa alegoría que plantea, pues padece usted precisamente esguince de cerebro consumado y torsión de bulbo raquídeo en grado de tentativa. El cráneo lo tiene correcto, pues aunque presenta varias perforaciones, éstas son pequeñas y fácilmente masillables. Acerca del periné prefiero no pronunciarme al no ser de mi especialidad.
-¿Y qué solución podemos darle, doctor?
-Una salina mismo.
-¿Y si los borro del facebook? (A mis seguidores digo)
-Hombre, puede probar a ver qué tal, pero teniendo en cuenta que calza usted nivel de trastorno ocho en una escala de nueve, sólo conseguiría cambiar de patología. Pasaría de paranoia obsesiva a remordimiento severo. Lo mejor en este caso quizás fuera que intentase darle la vuelta al problema: hágase usted seguidor de ellos y eso los desorientará.
-Vale, lo probaré. Muchas gracias. Por cierto: ¿Esto es una llamada telefónica o una visita en consulta? Lo digo por si le debo algo o qué.
-Creo que es por chat, pero no me haga mucho caso.
-Es jodido tener miedo, créame. Se pasa mal.
-Me hago cargo.
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LOS AFOTICOS DE HOY
Pues eso, que clicando sobre la imagen se ve la foto en grande.
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jueves, noviembre 14, 2013

 

--DIARIO DE UN PARADO- CAP. 30--


"De entre las ráfagas de viento surgió súbitamente el invierno."
(Mariano Medina)

__DON PACO EN MADRID__
_Capítulo uno. (La llegada)_

            Era aquel uno de tantos noviembres de 1967. Bajé del tren oliendo a hollín y al humo de caliqueño de mis compañeros de vagón. Nunca había estado antes en Madrid. Ya fuera de la estación miré a un lado y a todos, intentando comprender sus dimensiones. Me lo figuraba más grande. Desde allí sólo veía una calle, larga, muy larga y pomposamente edificada, pero una calle al fin y al cabo. Luego caí en la cuenta de que desde ninguna calle de ninguna ciudad, por pequeña que sea, se pueden ver todas las que tiene, pues una calle tapa a la que está a su espalda, y ésa oculta a la siguiente, y así sucesivamente…
Iba con el único traje que tenía, el de la boda de mi hermano, que es mucho mayor que yo (mi hermano, quiero decir) (bueno, y también el traje), de color gris ceniza con rayitas negras de esas finas como hechas a plumilla.
Yo era un muchacho de provincias, no de todas por supuesto, pero sí de alguna, y llevaba en la maleta cuanto tenía: un pantalón de pana con rodilleras, dos camisas exblancas, dos camisetas examarillas, dos pares de calcetines negros, un jersey verde oscuro y tres calzoncillos ya de un excolor imposible de identificar. Saqué del bolsillo la nota donde traía las señas de la pensión y preguntado a unos y a otros conseguí dar con ella.  Con la noche bien entrada y las tripas gruñendo, un sereno de acento gallego me dio las buenas noches y me abrió la puerta. Era un edificio viejo, estrecho y alto con escaleras de terrazo rematadas en madera y una barandilla de forja sin arte alguno, gruesa ya de mil pinturas, sobre la que había triunfado con el tiempo un tacto pegajoso como de alquitrán. Las subí con dificultad, pesadamente. Me di cuenta entonces de que me dolían los pies y de que tenía frío y sueño. Arriba, donde el letrero, en el primer piso, me recibió una moza con coletas y delantal a la que la luz pobre y anaranjada del rellano hacía parecer niña y anciana a la vez según le daban las sombras. Olía a húmedo y a carbón, supuse que no por ella sino por el brasero y la escasa ventilación.
La dueña de la pensión era bajita y flaca y tenía un ojo de vidrio que desconcertaba. Estaba tejiendo algo, puede que una bufanda, con las agujas de punto, y cuando se dispuso a atenderme y las sacó de sus sobacos para dejarlas sobre la mesa, se me figuró un amenazante banderillero que me apuntara con ellas. Era un salón no muy grande, en forma de ele, sin televisión, con un balcón en medio. En el lado corto una mesa redonda bajo cuyas faldas crepitaba el brasero y cuatro sillas en torno a ella, y en el otro un conjunto de dos butacas y un sofá con una mesita de centro frente a un pequeño mueble de pared donde sonaba bajito el aparato de radio mezclando noticias recientes con coplas antiguas.
La señora Andrea mandó a Julita, la moza, que me trajese algo de cena, y me sirvió un plato de cocido con más garbanzos que tocino y más agua que garbanzos. Le desmigué un poco de pan dentro por darle enjundia, pero aun así me vino mejor para la sed que para el hambre. De todos modos estaba tan vencido que cualquier cosa me resultaba confortable. Hasta la cama, un colchón de borra con más bultos que la espalda de un cocodrilo y un somier hundido del centro como una hamaca.
Aquella noche soñé que un banderillero de mirada extraviada tejía un toro de lana.
-Buenos días, Don Paco.
-Buenos los tenga usted, Doña Andrea.
-¿Ha dormido bien?
-Sí, bien, bastante bien, un poco raro quizá.
-En cama ajena ya se sabe. Hasta que se acostumbre.
-Claro.
-¿No será usted Francisco Umbral?
-No, qué va. Soy su parodia.
-Ya decía yo.
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martes, noviembre 12, 2013

 

--SOMERO RESUMEN--

--MICROAUTOBIOGRAFÍA--

Yo tendría entonces unos 15 años. Y ella también.
Estábamos en mi cuarto oyendo un disco y le ofrecí con ilusión mi libreta.
-Mira, escribo poesías.
-Ah, qué bien.
-Son un poco surrealistas. 
-A ver pues.
-Toma, lee ésta si quieres.
Empezó a murmurarla, grave, seria, lentamente, y al terminar el cuarto párrafo, se detuvo de pronto y exclamó:
-¡Andá, si rima y todo!
Fue entonces cuando me di cuenta de que me había equivocado de público.
 -FIN-
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jueves, noviembre 07, 2013

 

--A NEW TANDA OF AFOTERS--

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