miércoles, octubre 09, 2013

 

--DIARIO DE UN PARADO Cap. 29--


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Bien, señor Blas. Yo soy de izquierdas pero valoro el sentido ético de las personas sobre todas las cosas: ideología, religión, etc. No encuentro que en la izquierda española se esté produciendo una autentica regeneración pero viendo de qué manera el capitalismo, los empresarios y la derecha se están aprovechando de la situación actual renuevo mis votos con la izquierda a pesar de lo visto y vivido.


 
A lo que hemos asistido, especialmente en los últimos años, es a la prostitución escandalosa del lenguaje. El lenguaje siempre ha sido objeto de manipulación, ya por lo poético, ya por lo material, pero hemos llegado al punto de putear los conceptos, los sentidos, los significados y las voces que los definían, de forma indisimulada.
Creo entender (casi estoy seguro) lo que usted dice cuando se afirma y reafirma como persona de izquierdas, y de igual manera sé que me entenderá a mí si digo que la izquierda no existe. No ahora. No aquí.
El perseverante goteo del sistema ha conseguido pulverizar aquella roca que un día se llamara izquierda. No hay partidos de izquierda, no hay sindicatos de izquierda; no hay, en definitiva, ninguna fuerza organizada relevante que sea de izquierdas, con lo cual habremos de admitir tristemente que lo que no existe hoy es un porcentaje de ciudadanía a la que motiven ideales humanistas, capaz de cubrir los mínimos que les permitieran emerger con alguna relevancia en el panorama socio-político.
Así pues, la gente que vemos a diario por las calles tiene por normal y cierto que a una parte de la derecha se la llame izquierda. Hay, habemos, individuos.
 
Lo entiendo, sí.
Por cierto, en mi blog, contestando a Surlaw y a usted hace un tiempo sobre un tema político, comenté la necesidad de la individualización para navegar por la vida y saqué a colación el estribillo de la Raspa (me vino a la cabeza), izquierda izquierda, derecha derecha, adelante… para poner en solfa con la cancioncilla infantil el estado degradado de la percepción en el ámbito político también. Creo que Surlaw se sintió ofendido, pues no ha vuelto a aparecer desde entonces. Si lee esto, Surlaw, sepa que no iba por usted, simplemente ilustraba lo que yo quería expresar.

 
Señor Opal, usted nunca me ha ofendido.

Estoy callado porque estoy muy ocupado últimamente, y he reducido mi cuota de tiempo en la internete. Tengo 27 años y aún estoy en la etapa en la que quiero cambiar el mundo, y de paso cubrirme de gloria y que las titis me adoren. En realidad no es tan distinto a ser adolescente, sólo hay que adaptar el icono rockstar a otro contexto. Pero cuando me hayan dado bien por el culo, y haya perdido la ilusión, volveré a tener más tiempo. El que tengo ahora lo dedico a intentar trabajarme a alguna rubia. Pero joder, de momento se me dan mejor las españolas. Debe de ser porque hablo el vikingo como el culo, y como no tengo buen lenguaje corporal, siempre he dependido del verbal. Y la lengua vehicular la hablo mejor pero no tiene gracia, yo quiero conquistar su terreno.
 
Opal bueno.
Morsa bueno.

 
¡Bien! Me quedo tranquilo. Conseguirá una vikinga, Surlaw, está cantado, porque usted mejora como el vino con el paso de los años. Por cierto, el otro día me enfrenté a un perro feísimo, que me ladraba y gruñía para quitarme la hamburguesa, y lo hice huir. Una vikinga, que estaba en otra mesa, me miraba casi extasiada, creo que veía en mí al torerillo valiente de sangre ardiente. Tontina, si supiese que soy como un pulpo al que han dado la vuelta a la cabeza y bla bla bla…

Señor Blas bueno.
 
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