viernes, febrero 01, 2013

 

--DIARIO DE UN PARADO Cap. 26--

--CUENTO DE UN GÉLIDO INVIERNO EN HOLLYWOOD--
Un atardecer entre 1953 y 1961. Hace frío, mucho frío, tanto, que el estanque se ha helado. 
En su superficie patina Turner, un tipo viril y atractivo. La bufanda traza ondas a su espalda mientras se desplaza ágil y gira caprichosamente sobre sí mismo. 
Hay alguien más allá, a lo lejos. Sí, es una mujer. Se desliza Minelli de forma grácil por el duro hielo. Bella, joven, armoniosa.
Ambos cruzan sus miradas. Están solos. Comienzan una danza aproximatoria cual si fueren cisnes en rito prenupcial. 
Mas de súbito irrumpe en escena un hombre siniestro al que parece enfadar sobremanera que la señorita esté con un desconocido. Se irrita Pavone. Es un hampón italoamericano que está obsesionado con ella. La cree suya.
Pavone saca una pistola de su grueso abrigo y dispara a Turner. La bala le roza el cráneo por encima de la oreja. 
Turner se aturde. Minelli grita. Pavone maldice y se acerca a su víctima apuntándole entre los ojos. 
Pero justo cuando se dispone a apretar el gatillo, un hombre surgido de las sombras lo derriba golpeándole con un bate de béisbol. Pavone cae inconsciente. 
Ese hombre que apareció de la oscuridad es el verdadero novio de Minelli. Su nombre es Grant y ella en la intimidad le llama "cari".
                                      --FIN--
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(AL BORDE DE LA MUERTE)

Comments:
- Cuento de un gélido invierno en Hollywood.

Magnífica ¿parodia? (evocadora, con todos los ingredientes y derroche de ritmo) de la novela negra más corta jamás escrita. Da gusto leerla, y releerla.

- Diario de un parado. Capítulo 26.

Espero que el episodio que cuentas sea sólo una fantasía, pero el electrocardiograma que muestras, amigo, escama.

Si es una broma, te diré que no comprendo cómo pudieron decir «mujer embarazada», ¡¿acaso no te detectaron el DIU?! La Sanidad está fatal.

Ahora bien, si ocurrió en verdad, admiro tu forma de tomártelo y sospecho que eres de los que parece que andan muriéndose en cada rincón siendo, en realidad, robles. De una pieza, sí señor, como tus esculturas.
 
Cuento- Gracias. Eres muy amable.

Diario- Solo era una pizquilla de líquido en el pulmón y la consiguiente inflamación de pleura -que duele de cagarze, eso sí- pero nada grave. Soy un llorica repugnante.
 
Me alegro de que sea sólo eso, aunque mejor hubiese sido que se tratara sólo de una disparatada fantasía.
 
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