domingo, octubre 28, 2012

 

--DIARIO DE UN PARADO Cap. 21--



LOS SEX FISTROLS

Habían ligado la tarde anterior y hoy fueron a cenar y al teatro. Después él aparcó frente a la casa de ella y ella lo invitó a subir.
Tomaron un par de copas y fueron a la alcoba.
Y ocurrió:

-Oh, vaya, Garrison, ¿sí que la tienes pequeña? (Ostrás, perdón, se me ha escapado, lo siento)
-Bueno, entra en el estándar, creo yo. Según las estadísticas este tamaño es muy abundante. La cosa normal se mueve en una horquilla entre 13 y 17 cms. (empalmado, claro) De modo que estoy dentro de las tallas no acomplejantes.
-Pues no sé, será verdad si tú lo dices, pero a mí me parece más bien poca cosa. ¿Seguro que es normal?
-Bueno, Mónica, si nos ponemos crudos, tus tetas tampoco son la hostia. A lo mejor todos los tíos que te has tirado hasta ahora eran casualmente muy dotados. Pero habrá sido una cuestión de azar, sólo eso. Es como si mis anteriores novias hubiesen tenido tus tetillas de preadolescente. En tal caso las tuyas me hubiesen parecido correctas, pero como siempre he salido con hembras bien terminadas, las encuentro infantiles. Contigo casi me siento pederasta. Y, ya puestos,  el culo, ¿qué me dices de tu culo?: parece el de un niño malnutrido, chica.
-Oye, Garri, te diré algo: que tú te machaques horas y horas en una máquina para criar cuerpo de gimnasio no hace sino acentuar lo minúsculo de tu chorra. Yo lo que hago es mantenerme delgadita y joven. Y todas mis amigas me envidian.
-Claro, porque tus amigas no piensan ni por asomo en acostarse contigo. Además las mujeres nunca han entendido de mujeres. Ni siquiera las lesbianas.
-¿Entonces qué estamos haciendo? ¿Por qué hemos venido a echar un polvo?
-Pues porque estamos muertos de hambre, ¿por qué va a ser? Ni nos gustamos ni nada, pero andamos desesperadamente salidos. Es lo único que tenemos en común por lo visto.
-Igual sí que es eso. Pues venga, ya que estamos, es tontería perder la noche. Apagamos la luz, nos damos un revolcón, pensamos en otras personas y listo. Al menos que nos sirva de desfogue.
-Vale: Si no hay alta cocina, tiraremos de kebab.
-Ja ja ja. Eso ha estado gracioso, Garri.
-Me gusta cómo te ríes, Mónica. Eres como muy puta riendo, ¿lo sabías?
-Ponme, cerdo.
-Arf, arf, arf.

No habían ligado la tarde anterior. Mónica y Garrison estaban en su casa. Llevaban veintidós años casados y recurrían a fantasías para mantener viva la llama. ¿Puede haber algo más tonto?


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