domingo, febrero 05, 2012

 

--THANK YOU, VERY MACH--



-TRATADO SOBRE LA MATEMÁTICA Y SU GILIPOLLEZ MANIFIESTA-
La ciencia matemática presume de exactitud, de precisión, de ser una invención de mucho mérito. Mas no.
La matemática, o aún mejor, los números, su campamento base, son una creación que únicamente pone de relieve la falta de imaginación y talento del idiota que los fundó.
Si nos ponemos a contar: 1,2,3,4,5,6,7,8,9,0, ¿qué ve la persona verdaderamente inteligente?
Que hay diez signos, diez símbolos, diez míseros dibujetes. ¿Pero cuántos números existen en realidad?: Infinitos ¿no es cierto?
¿Y cómo es que el lumbreras que inventó los números y les puso nombre sólo alcanzó a diseñar diez, siendo infinitos?: Pues muy sencillo. Porque hasta ahí llegó su talento.
Cualquier persona con un poco de masa encefálica, si se pone a inventar, se le hubiesen ocurrido más de cien seguro. (A mí en una mala tarde se me ocurrirían medio millar como poco)
Así pues al sabiazo, como que no le dio la cabeza más que para diez -contando el cero, que no es nada-, a partir de ahí decidió que los juntaría para dar imagen a cómputos mayores, con lo que nos podemos encontrar en cualquier momento, por ejemplo, con la cifra 647876353490273652438474625, una cifra que cuesta un huevo de leer, de escribir y de entender.
Una mente lúcida en seguida se da cuenta de que si cada número corresponde a una cantidad diferente de algo, lo suyo es que tenga nombre y signo propios.
Una cosa es que colores haya los que hay en la naturaleza ¿pero números? Los números son un invento y puede haber los que nos dé la gana.
Así que, lo dicho: vaya corto de miras el que inventó los números, oiga.

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