martes, enero 17, 2012

 

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Dicen los historiadores que Castellón de la Plana debe su nombre a Isabel Catalina IV de Toronto.
Cuando Canadá formaba parte de la corona valenciana por haber contraído nupcias el Rey Paco II de Valencia con ella, la mencionada Princesa Reina Isabel, la mencionada Princesa Reina Isabel Catalina de Toronto y Ausburgo fundó Castellón. O mejor dicho, Castellón fue construido para ella.
Era esta mujer hembra de escasa ubre o de ninguna, y el complejo que ello le producía la llevaba a resarcirse en la grandeza y el desmedimiento, con lo que, en vez de pedir a su marido un palacete, una finca o una mansión de varias plantas y jardines, lo que hizo fue exigirle una ciudad. 
Y las gentes, ya se sabe, no tardaron mucho tiempo en sacarle el mote.
Ella, llegado el chascarrillo a sus oídos, mandó matar al pueblo. 

Cuentan también los cronistas, que viviendo en Alicante el maestro escultor Germán Albazarraín el Mudéjar - converso primero a mozárabe y posteriormente a judío y a cristiano no practicante-, el Rey quiso agasajar a su consorte en fecha onomástica encargándole una escultura. 
El artista viajó a Castellón para tomar boceto y cuando le dijo a Doña Isabel que era para un busto, Doña Isabel Catalina de Toronto, mandó matar al escultor y al pueblo.
Paco e Isabel se habían casado en el Miguelete en una ceremonia oficiada por el Obispo de Toledo, el Cardenal de Burgos y el Arzobispo de Sagunto, siendo monaguillo Su Santidad el Papa Pío VII. Pero a la Reina no le satisfizo en plenitud y presionó al Rey Paco a celebrar nupcias también por el rito canadiense, que consiste en casarse.
Tuvieron dos hijos varones, Margarita III de Gandía y Federica Sánchez de Paterna. Les puso nombre de fémina para que la plebe creyese que en esa familia ninguna mujer tenía senos.
Cuando al cabo del tiempo, los niños dejaron de serlo para alcanzar la mocedad y les salió barba, Isabel mandó matar al pueblo de nuevo para acallar sus risas.

Estos excesos fueron el detonante para que su tocaya la Reina Isabel de Castilla 
y el Rey Fernando de Aragón -ambos cristianos convertidos al catolicismo- se unieran en matrimonio conjuntando las fuerzas suficientes para conquistar Valencia y derrocar a la despótica tirana.
Aunque, todo ha de decirse, la Reina Isabel de Toronto dirigió personalmente la resistencia al invasor y estuvo presente como Capitana Generala en todas las batallas. Hasta que se enteró de que sus soldados la llamaban La Plana Mayor de Mando y los mandó matar.




Comments:
Está muy documentada, completa e interesante tu entrada. Por mi parte sólo añadiría que, efectivamente, en la Presilicona, sobre todo a partir –creo- del impacto de la Venus de Willendorf, estas cosas que hoy nos comentas se tomaban muy a pecho. Basta recordar las rencillas de odios africanos y melómanos que desataron la Plana de Urgel, la Plana Alta y la Plana Baixa (¿hermanas?), Cartonajes La Plana… Sí, claro, son historias pasadas, pero si se dieran hoy serían bastante actuales.
 
Llevas razón. En las épocas antiguas las planicies estaban mal vistas. Hasta hubo un personaje histórico que luchó contra ellas como nadie.
Efectivamente, me refiero a Gaspar Melchor de Jodellanos.
 
Por tu boca habla la verdad. Es así. Jodellanos, con uve. ¡Mira que era! Todo menos ponerse Baltasar, con uve de baltasar.
 
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