domingo, noviembre 27, 2011

 

--DIARIO DE UN PARADO Cap. 11--




POSTPOESÍA RIDRUÉJANA


Era pálida como una alcachofa
De longitud diocesana
En un abanico de crines
Aventadas.
Contigua, rutilante
Crecida de primavera
Litigar y ser causante.
Tacón de aguja
Culo estromboliano
Caligráficamente azul.
Lucía dientes
De armiño mineral
Cencerro y baúl.
Fingidas lesiones
Carrocería luminiscente
Y tetas de geranio.
Damasquina irregular
Monturas de cristal
Lentes de ébano.
Alpaca y astracán
Saetas intempestivas
De espada medieval.
Toledo en el alma
Balaustrada.
Cizaña y pétalo
Postchulería.
Flujo multifrutas
Ladillas amaestradas
Perrera y polvos.
Orientada al oeste
Como un sombrero hongo
De doble fondo.
Balanceo percusión
Zeppelin X Goliath
Por detrás.
Trufa de plana mayor
Una medalla al valor
Condecoración
Ay ay ay por dios.
Oh.

martes, noviembre 22, 2011

 

--CALLOS Y COSTUMBRES--

Cuesta ponerse gracioso cuando el callista de los pies y de las manos te anuncia que se te ha de extirpar la chicha para que luzcan bien las falanges. Me viene a la memoria el tío Lorenzo, hermano de mi abuelo paterno, al que todo el mundo tenía por cauto y mesurado, cuando en realidad era sordomudo. ¡Qué sabias palabras no llegó a pronunciar nunca! Seguro que mientras veía mover los labios a la gente, él estaba calculando el número de vértebras que debe tener una jirafa. Eso sí, en los velatorios no había nadie más respetuoso. A excepción del muerto, naturalmente. Se ve que no le gustaba la leche. Le cogían vomitonas. Y su mujer, la tía Leonor, le daba almendrina, que es como horchata. Su hijo Ramón, alto como un faro, fuerte como un roble y gordo como una hormigonera, era el que en la cooperativa agrícola del pueblo se encargaba de pisar las almendras en las cubas para extraerles el jugo. Y lo hacía con cáscara. Cuando murió de infarto tuvieron que enterrarlo por partes. A sus padres, los vecinos no sabían bien si darles el pésame o felicitarlos. Y es que Ramón era muy costoso de mantener. Sentía, como tantas personas, el impulso de morderse las uñas, pero no lo hacía porque le sabían a poco. Comía en barreño. En ese tiempo casi no habían coches, y menos en un pueblo de doscientos habitantes. Cuentan los más viejos que una vez pasó uno y el panadero, que salía en ese momento de su horno, se lo quedó mirando. Luego lo fue contando todo contento y le atornillaron en la frente una placa conmemorativa. Pero sin profundizar mucho. No fuera a ser que lo mataran. Sin llegar a atravesar el cráneo y tal. Desde ese momento lo tenían alojado en una estancia del ayuntamiento y lo sacaban para las fiestas mayores. Como allí llovía de vez en cuando, el pueblo fue declarado zona de interés climático por la Unesco. También tenía costumbres y tradiciones. La tía Leonor llegó a ser alcaldesa. La primera mujer en ostentar ese cargo. Y bajo su mandato se introdujeron muchos cambios en el hacer de la villa. Era rupturista. Adoptó el folclore austriaco y desterró la jota castellana, los festejos taurinos, las aceitunas y el baile de la cinta. En el funeral de su hijo, le dio un sopapo al tío Lorenzo para que llorase. Y él entendió la idea enseguida. Un hombre que tenía tierras abrió un cine. Y al principio supuso una explosión de luz en el gris aburrimiento de las gentes. Pero poco a poco fueron yendo cada vez menos espectadores, hasta que un día a la proyección de Plácido, no fue ni él. Dicen quienes lo vivieron que desde hacía ya unos cuantos domingos empezaban a faltar actores en las películas. Y acabó por cerrar. La taquillera cogió tal depresión que la tuvieron que curar entre cuatro o cinco. Aunque se ve que no fue por quedarse sin trabajo. Ella estaba enamorada de Ramón. No salían juntos ni nada, pero hacía años que ahorraba dinero. Pretendía juntar el suficiente para poder mantenerlo y pedirle matrimonio. Su muerte la desgarró por dentro. Se ocultó en un rincón de su casa y no salió más. Soñaba con él desnudo dentro de la cuba pisando almendras. El vecindario en general la tenía por una guarra. Consideraban que querer casarse con un hombre de casi dos metros y ciento setenta kilos es como una poliandria encubierta.

jueves, noviembre 17, 2011

 

--EL CUARTO DE LOS TRASTOS--

Joder, ni me acordaba por lo más remotocrós de que hace años me abrí cuenta en fotobúquet o como se llame eso. Y va y de puto bollo me lo he encontrado. Ha sido como cuando vas a la casa del pueblo y en un trastero te sale un tebeo que leíste y del que no te acordabas. 
Venga pues, demos paso al revival y de paso al batiburrillo.

Comía tanto ajo que no se podía hablar con él ni por teléfono.



Hay bebidas de absenta que tienen 90 grados hasta en la sombra.



Si alguna vez chateas con una mujer que admite tener 67 años, no es que sea honesta, es que tiene 98 o más.



Lo peor de la red global es que cuando tienes una idea, el google te informa de que ya la han tenido 500 tíos antes que tú. 
 Al salir del teatro dije: oh, vaya, qué bien dirigida, qué bien interpretada y qué magníficos decorados tiene esta mierda de obra.



FIN


domingo, noviembre 13, 2011

 

--DIARIO DE UN PARADO Cap. 10--


domingo, noviembre 06, 2011

 

--MUNDO DE TRAIDORES--


jueves, noviembre 03, 2011

 

--DESAHUCIADO--



LA MUERTE Y EL HADA

Estaba el campesino haciendo las labores del campo, cuando de repentemente se le apareció una vaporosa figura flotando en los aires y portando una varita acabada en estrella.
-¿Quién eres, que vienes sorpresiva y asustando, mientras yo hago las labores del campo, ya que el campo por sí mismo no las hace?
-Soy tu hada padrina.
-¿Padrina?
-Sí, bueno, aún estoy en fase de adaptación al lenguaje. Hace poco que soy transexual. Nací atrapada en el etéreo efluvio espiritual de un genio, pero siempre me he sentido hada.
-Ah.., y.., ¿qué, cómo va eso?
-Pues bien.
-¿Y a qué has venido pues? Si a mí no me pasa nada…
-Ví a la muerte caminar detrás tuyo. Vengo a prevenirte, a protegerte. 
-Nunca le he temido a la muerte, sobre todo si es de otros. Soy fuerte como los sitios esos donde se acuartelaba el séptimo de caballería. He burlado a la muerte en muchas ocasiones. No veas lo que me llegué a reír en el velatorio de mi padre. Así que no te preocupes.
-Cuidado: La parca es paciente y esperará a tenerte con la guardia baja.
-Bah. Imposible. Yo siempre estoy alerta. Debo ser de los pocos hombres en el mundo capaces de dormir despiertos.
-Bueno, únicamente cumplo con mi obligatoriedad. Y debo advertirte: no podes los almendros, pues he visto que cuando lo hagas, una rama gruesa se romperá, caerá sobre tu cabeza, te la abrirá y acabará con tu vida.
-Bueno ya veremos.

Y el hada se fue.

Al cabo de dos días al campesino le tocaba podar. Muy valiente, muy valiente, pero empezó por los manzanos, continuó por los algarrobos, después con los avellanos, y hasta podó una higuera, con lo traidoras que son, mas no se atrevía a entrarle a los almendros.
Y entonces tuvo una brillante idea. Se fue a la barraca, sacó la escopeta, se colocó a diez pasos de distancia de uno de ellos y se lió a podarlo a tiros. De ese modo, pensó, ninguna rama podría caerle encima. Y en efecto, funcionó.

La muerte, que estaba oculta en unos matojos, apretó los dientes con ira y marchó corriendo como un afectado de diarreas.

Al cabo de un año, estaba abriendo y cerrando compuertas en la acequia, cuando de nuevo se le apareció el hada.
-Hombre, ¿qué pasa? ¿otra vez tú por aquí?
-Si, campesino.
-¿Y qué te trae ahora?
-Pues más o menos lo mismo: he visto a la muerte rondándote hace poco. Tú cogías la escopeta, apretabas el gatillo, el arma fallaba, te explotaba en la cara y morías desangrado. 
-Bien, vale, gracias, ¿pero, puedo podar normal los almendros este año o qué?
-Haz lo que te salga de la polla, tío.

Y el hada se largó volando sin parar de decir tacos.

Al día siguiente el telediario daba esta noticia: Campesino muere en fatal accidente. Al parecer cuando dejaba apoyada su escopeta en el tronco de un almendro, ésta se disparó y la mala fortuna quiso que el tiro rompiera una gruesa rama que le fue a caer en mitad de la cabeza. 

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