lunes, septiembre 26, 2011

 

--LA FLAI FLAI--


jueves, septiembre 22, 2011

 

--DIARIO DE UN PARADO Cap. 7--

Para no romperse la cabeza, para que no se rompa el corazón, para que no se te parta el alma, lo mejor es darle a todo eso unas vueltas de cinta. Aislante.
(Luego ya podrás decir aquello de: yo es que vivo en mi mundo, tío)




viernes, septiembre 16, 2011

 

--SHOPPING--


martes, septiembre 13, 2011

 

--DIARIO DE UN PARADO Cap. 6--


domingo, septiembre 11, 2011

 

--SUDORES VARIOS--

Sudor. Las glándulas sudoríparas a pleno rendimiento. El agua y las sales se largan a tomar por culo. Siente uno cómo se va momificando por dentro.  Encurtiendo. Gradualmente. 
Aún iré a parar con las cenizas de mi abuelo…
Las guardo como reliquia. Mi abuelo fumaba Farias. Y yo recogía el contenido de sus ceniceros. Tengo un enorme jarrón lleno. Él dijo, cuando me muera quiero que  me entierren en el pueblo y que esparzan mis cenizas en el Mar Negro, porque no he ido nunca y no sé ni dónde cae. 
Era un gran coleccionista de nada. O sea, es decir, me refiero, que era aficionado a coleccionar, pero no coleccionó nada. Y el almacén que había habilitado para sus colecciones estaba vacío. Vacío hasta los topes. A veces no se podía ni cerrar la puerta de vacío que estaba.
Y me enseñó muchas cosas. A escribir con puntos y seguido y con cualquier otro tipo de puntos. A leer por el placer de leer, sin necesidad de prestar atención al texto. A sumar añadiendo. O a sumar al revés y llamarle resta. También me enseñó un día los dientes porque se le habían caído casi todos. Se los señaló metiéndose el dedo índice u otro parecido hasta la campanilla. Y me dijo no sé qué de las caries. Con la boca abierta y un dedo dentro, pronunciaba mal. 
Escuchaba siempre zarzuelas. Sabía tocar la mandolina de forma deficiente o muy deficiente. Su mejor marca estaba en acertar dos de cada diez notas. Me aconsejó que no me cortase las orejas porque le seguiría oyendo. Como era sabio, conocía la existencia del oído interno, aunque él lo llevara por fuera. Se calaba la boina a fondo para disimularlo. Hacía feo, ciertamente. Pero yo le quería de todos modos. Era mi abuelo. Y a la familia se la quiere por que se la ha de querer. Eso es algo que no está escrito, pero es así. Y aunque estuviera escrito, entender no es necesariamente obligatorio.
A mí llegaron a gustarme Luisa Fernanda, La Rosa Del Azafrán y Los Gavilanes. Gigantes y Cabezudos no, que se me hacía pesada. 
Cuando sudo mucho y me diseco interiormente, me acuerdo de él. Sudaba como nadie. Se le daba bien.


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