sábado, enero 29, 2011

 

--Blues de la amarga lluvia--



-Empecemos con las preguntas cortas:  ¿Botones o cremallera?
-Velcro.
-Ya empezamos… 
-Pues cordones.
-Joder.
-Es lo que hay.
-Bueno, venga. ¿Se puede ser treintañero o cuarentón a partir de los cincuenta?
-¿Se puede ser trentañeiro fuera de Galicia?
-Si me responde usted con otra pregunta pensaré que es gallego.
-Tushé.
-¿Y esou por quéi? 
-Dios santo, qué mal…. Dígame qué le sugiere esta foto de un mendigo.
-Que los mendigos son mobiliario urbano.
-Razone la respuesta, sisplau in the morning.
-Los mendigos hay que integrarlos, no marginarlos. Son parte del sistema.
-¿Tolerancia no equivale a aquiescencia y por tanto a una posición de poder?
- No estoy en absoluto de acuerdo totalmente con usted. Sólo en un 95, tal vez 96. El poderoso tolera y el débil resigna.
-Creo que para que la terapia le valga de algo, deberíamos discutir, no convenir.
-Vaya, no conviene discutir tanto por tanto igual a tanto.
-Ahí. ¿Qué le sugiere esta misma foto del mendigo, pero mirándola por detrás? (Es que no tengo más fotos)
-Lo que me parece es que usted no ha respuesto a mi pregunta.
-¿Qué pregunta?
- Una que le he hecho antes, hace un rato.
-Sí he respuesto, ya estoy totalmente respuesto, y eso que me caí de una moto, una moto que estaba a doce mil metros de altura. ¿Qué opina del sistema? (Ahora quiero respuestas largas)
-Como dijo alguien muy sabio hace poco: Yo no es que sea antisistema, es que el sistema es antiyo.
-Eso lo dijo usted mismo ayer chateando por el messenger, fantasma de mierda. Y además seguro que una frase tan sloganera ya la habrán dicho cientos de personas antes que usted y la habrán pintarrajeado en muros miles de grafitaires.
-Ya entiendo: quiere que discutamos para que yo me desahogue, hijo de puta.
-Magnífico, muy bien. No se reprima por nocturnidad y festivos. Suéltese. Exprese sus emociones. Vuélquelas sobre mí. Imagine que me odia.
-Es que le odio. Lleva usted sacándome cincuenta euros semanales desde hace cuatro años. Y ni esta mierda de sesiones, ni las pastillas me hacen avanzar un lápices. 
-Usted se lo figura. No se preocupe, que no me enfado por ello. Es un mecanismo subconsciente de defensa. Soy un profesional como la copa de un bar. Otra pregunta: ¿Qué le sugiere la foto vista de canto?
-Me sugiere una mierda para su madre.
-Espléndido. Ahora ya focaliza su rabia en el mendigo.
-Me refería a la de usted.
-A mi madre ni la miente, que era huérfana y se crió en una incluida. Pero vamos a otra cosa: ¿Le molesta la edad que tiene? ¿Se siente viejo y desgraciado? 
-Desgraciado del todo no, pero en vías. No tengo la edad suficiente como para ser gracioso. Ni siquiera la suficiente como para llevarme tres años de edad y ser mayor que yo.
-Ajá. ¿A usted le gustaría ser mayor que usted?
-Sí aunque sólo fuera un par de años. Así me tomaría como ese hermano mayor que nunca tuve y no me sentiría tan minusvaleroso. Me tendría como referente, como modelo. Sería un líder a quien emular.
-Vaya, vaya… ¿Usted admira a los ciervos que se yerguen en berrea, no es cierto?
-Igual es eso. Me crié en el mountain y cuando llegaba la época cervical, espiaba a los machos con unos prismáticos por la parte que aumentan. Esa fortaleza, ese pecho fuerte, esa soberbia, esas cuernas arrogantes, esos desafíos, esas luchas, y al final ese regio vinchetore… Y cómo las hembras…
-Perdone que interrumpa su flipada. Le contaré algo: Yo tuve hace tiempo como mascota a un enorme ciervo macho que se llamaba Rafa, y que daba gusto verle berrear llenando la geografía de viriles decibelios. Resonaba su bronco timbre en varias comarcas a la redonda, se lo juro. Y cuando se ponía a dos patas, ya era la rehostia, el olor de sus cojones llegaba hasta Alemania. Era impresionante. Créame, que lo he visto con mis propios ojos: hubo un día en que ese ciervo, de joven, cuando estaba en plena forma, se puso a berrear y además de setenta ciervas, acudieron a su reclamo varias mulas, un par de conejas, tres tejones, una castora y un ñu con una hiena pegada a los cuartos traseros. (Y usted, desengáñese, nunca será eso)
-A lo mejor estoy llamado a otros menesteres. A lo mejor mi papel en la vida no es ese, y mi defunción en la muerte sí.
-Podría ser. Quizás sea usted muy bueno muriéndose. Mi padre es lo mejor que hizo.
-El mío no quería morirse. Era tan reservado que tal vez ya estaba muerto cuando lo enterramos. Jamás crucé una palabra con él: todas nos las dijimos en paralelo, veinte grados longitud norte, nueve latitud sur.
-Para usted su padre era un ciervo capón, ¿a que sí? No se contenga. Dígalo.
-Mi padre era un ciervo hembra.
-Si necesita plañir, plaña.
-Sí, hombre, más vergüenza aún.
    

viernes, enero 21, 2011

 

--EL PINGÜINO ESTELAR--

Revuelto en el polvo cósmico hay un camino tan lejano del principio como del fin. 
Se llega en cápsulas espaciales de bolsillo. 
Y se posan las estrellas en la nariz. 
Los payasos van de paisano por los raíles del espacio. 
Paseando lentamente su lindo exilio. 
Tiernecitos como el lazo de un regalo. 
Dentro de la cerradura de la puerta de la entrada del castillo, una oruga intenta abrirlo. 
No se pueden transformar las cosas desde fuera. 
Eso piensa.  
Una llave de hierro más antigua que el propio hierro la convertirá en pasta. 
Cuestión de tiempo.
El universo huele a todo. 
Nadie va a cambiarle los pañales. 
Pero es bonito -dice quien lo ha visto- aunque dure poco. 
En la cola del cometa se es feliz. 
Es como el surf.
Y sin temperatura.
Revuelto en el polvo cósmico hay un camino tan lejano del principio como del fin. 
Es el infinito. 
Un club sólo para socios. 
Restringido. 
Hay que entenderlo. 
Sobre la luz se descansa mejor que sobre plumas. 
Aseguran nueve de cada diez sueños.
Y allí se buscan alas de justicia para el pingüino.
A la realidad se la suda. Aguarda: 
Nos volverá a bajar los pantalones cuando regresemos.
(Foto Blasilla)

viernes, enero 14, 2011

 

SEVILLA

¿Para cuándo el post-flamenko-noise de nueva generación?

Son dos preguntas para las que no tengo respuesta.
Desde muy joven -ya melópata- todo lo que rezumase flamenco, rumba, latino, folclore o similares me tiraba para atrás. 
De mucho más mayor -y por haberlo desgastado en su momento histórico- todo lo que huela a rock progresivo o sinfónico me da una pereza enorme.
¿Por qué pues este enorme respeto a Triana?
Porque la música de ese trío impar ha permanecido en mis emociones, cuando de ellas han ido emigrando grupos que tenía en mayor estima.
¿Pero por qué?
Porque si un amante de la música analiza sus cuatro principales discos apreciará que las canciones no son chorradas sino verdaderas composiciones variadas, complejas y curradas con fe; apreciará que si bien las letras no son para tirar cohetes, sí son en cambio sentidas, sinceras y honradas a más no poder; apreciará que si los podemos oír en un reproductor fiable, pese a ser setenteros y españoles, la producción de dichos discos le da mil vueltas a casi todo lo que se hizo en nuestro país en los setenta, en los ochenta, en los noventa y en los dosmiles; apreciará por último que no caen en el flamenquito pachanguero y variopinto con el que docenas de formaciones nos vienen taladrando inmisericordemente, hasta el punto -para los no andaluces- de crearnos un automatismo de rechazo.
Triana tiene pellizco, tiene duende, tiene dignidad y tiene categoría. Aunque uno se mueva por otras músicas, la de Triana debe ser revisitada al menos una vez al año. Con ese ejercicio le queda a uno patente la mierda de grupos que copan las emisoras. 
Ya que en los hoys no pare nada destacable nuestra amada patria, no condenemos al olvido aquello que de bueno, de muy bueno, de excelente, parió en los ayeres. 
¿Para cuándo la Jeringuilla de Oro al mejor ciclista del año?
(Esta era la otra pregunta para la que tampoco tenía respuesta)
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Aquí, en este vídeo, hay una en apariencia horrible balada postflamenca, que al ser buena música requiere ser escuchada un par de semanas seguidas para que se le instale en el alma a uno de por vida. Cuando servidor tenía doce años escuchó el LP Hot Rats de Zappa, un disco denso como pocos. ¿Creen ustedes que le entró a la primera? 
Esta balada titulada "No conozco a nadie como tú" explora un camino trillado pero escarbándolo hasta el núcleo. Lleva una letra que no se conforma con los ultratópicos "viaje a ninguna parte" "camino a ningún lugar" o "coger el último tren" etc. Es una canción cantada-recitada a tres voces en la que casi ninguna se entiende. Es una canción absolutamente consciente: sabe que no tiene nada que decir y consigue no decirlo. Es una canción con un arrebato final que explota en el corazón de los grandes entendidos. Lo mejor que he hecho en mi vida sin duda.




Anexo.
LA FORJA DE UN EMPRESARIO

¿Maniqueísmo?
Sí, claro, a veces, como todo.

viernes, enero 07, 2011

 

--PENSAMIENTO PEREGRINO--



Arco abuelo de ballesta arca de la alianza seguros arcaicos voltaicos   parece que hoy no hace tanto fresco no parece que no (charla de ascensor)  montacargas nieto de montaburros los pensamientos se pueden contar con los dos dedos de una frente    una vez el contador del gas me estaba contando que   en mis dedos tengo callos a la obrera y en la barriga de ternera                       (aquí no hay nada)                              los barcos corren poco porque su velocidad se obstaculiza con nudos marinero tú que tanto sabes de nudos desátalos coño desátalos y correremos más   vienen malos tiempos sí eso parece  parece que hoy no hace tanto fresco   relojes malos relojes de arena que con una mota atascan a los de cuerda         pantalla táctil bisnieta del organismo táctil   si te echo mano a los huevos tú reaccionas de inmediato                     seres táctiles digitales digitables.


domingo, enero 02, 2011

 

Dama Negra

Estaba Ziri sin hacer nada cuando de pronto no sé quién le dijo, maestro, háblanos de la crianza, de la mala suerte y las obligatoriedades, o de lo que se te ponga en los huevos. Y Ziri contestó, ¿otra vez? Siempre me preguntáis las mismas cosas o parecidas. Ahí un tío de la multitud dijo, es que es lo que hay; el hombre repite sus problemas, y como no sabe salir de ellos, insisten en él una y otra vez los mismos dolores. 
Está bien, dijo Ziri, os contaré la bella parábola de los atletas relevistas: 
Éranse una vez unos campeonatos del mundo de atletismo, en los cuales se daba la prueba de 62.435 metros relevos. Esa prueba la hacían por equipos, ya que relevarse uno mismo todo el tiempo resultaba muy pesado y falto de emoción. Y competían varios equipos, cada cual con su propio testigo, que es como un palo cilíndrico que deben pasarse de un atleta a otro para darse el relevo. Pues bien, en el reparto azaroso de testigos a un equipo le tocó uno de aluminio, a otro uno de fibra de carbono, a otro uno de madera y al último un mojón de perro mastín pirenaico. Así son los azares y las potras en la vida, hermanos. Y , bueno, comenzó la carrera. A nadie extrañó que los corredores se pasaran alegremente y sin escrúpulo los testigos de aluminio, madera… pero lo que resultó curioso es que el equipo que se pasaba el cagarro, participaba con la misma naturalidad que sus rivales, entregándose la mierda tan ricamente, como si una suerte de resignación, pasividad, derrotismo o indolencia les conformase.  
¿Y adónde nos llevas con eso, maestro? preguntó un tipo desaliñado, con pinta de ser muy cerdo y tener un oscuro pasado. A que no es admisible ir pasándose la mierda generación tras generación, contestó Ziri, como aquellos que dicen: oh, yo no tengo la culpa de darle mierda a mi hijo, la tiene mi padre que me la dio a mí de niño y por eso estoy marcado ya para siempre. Si pusieron en tu mano un testigo de mierda, tíralo o jódete, pero no lo sigas pasando, ¿comprendes?. 



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