domingo, septiembre 26, 2010

 

--RONQUIDOS EN LA FOSCA--

Peliculón. Este hay que verlo tres veces o ninguna.
Si opta por ninguna, su vida no sufrirá alteración. Si opta por tres veces, una para leer, otra para ver y otra para cerrar los ojos y disfrutar de una canción preciosa, su vida continuará igual que antes, pero la habrá visto y oído.
No son palabras mías -hasta ahí no llega mi engreimiento- sino de mi abuela muerta, que se me ha aparecido esta noche en forma de murciélago. Al final lo he matado. No me gusta matar ni hormigas. Me sienta malamente. Para eso soy como vegano, alto, rubio, flaco, pálido y de ojos azules.
No entiendo cómo toda la naturaleza en bloque puede vivir con la crueldad que manifiesta. Nada más cruel y despiadado -cuando no sádico- que los documentales de animales. Si lo mira uno fríamente, se queda cagao perdido. Es acojonante. 
Yo si me veo en la imperiosa necesidad de desalojar a un bicho de mi casa, las más de las veces consigo pacientemente que se vaya por sí mismo, sin tener que recurrir a sistemas antidisturbios. Pero no es siempre posible por desgracia. Cuando no me queda otra que cargármelo, me doy mal rollo y me imagino protagonizando un documental de Kenya.
Aún así, hay métodos y métodos. Que no todas las muertes son iguales.  Puede uno ser como las orcas que devoran sobre la marcha a una vieja ballena, como las hienas que se comen vivo al búfalo cojo, o bien como el gran felino que ahoga al antílope con la máxima celeridad.
Hay bichos que van a comer, y hay bichos que van a putear. Supongo que ninguno de ellos lo sabe, pero ya que nosotros los humanos sí discernimos y decidimos, lo deseable sería que cuando nos viéramos en la obligación ineludible de cargarnos a la abuela, no sacásemos la ridícula excusa de que la confundimos con un murciélago.
Lo dicho: peliculón.


Comments:
Música preciosa, sí. Me imaginaba a unos caníbales cocinándome.
 
Sabía que le encantaría. (Yo pa mí que la hice pensando en usté)
(Doctor: en ocasiones veo morsas)
 
De niño era yo un duro y me ventilaba el Mundo indómito – documental de la época- con fruición. Ya no, ahora tantas cosas ya no…
Un botón como muestra, para su asombro –supongo- y el horror de Surlaw: atrapo las cucarachas con papel higiénico y las suelto por la ventana. Hay algo inquietante en ello, lo sé ¿Recuerda el final de Psicosis? Anthony Perkins en una celda acolchada al final de la película reflexionaba sobre su bondad y la incapacidad que tenía de matar siquiera una mosca, como la que en ese momento estaba posada en su brazo. A eso me refiero.
 
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