sábado, junio 05, 2010

 

--GRANDES MARAVILLAS--

A una distancia así de la muerte, así -¿ves cómo estoy poniendo los dedos?- me veo, pero no voy a morirme aún, que la muerte es cosa de no fumadores. Si se pudiese fumar muerto, te juro por mi madre y por la tuya, que cascaba ya mismo. Pero es una exageración, la muerte y la vida y todo. Tenía la cabeza -¿quién?: mi padre mismo, el adoptivo no, el metabólico- como la tiene un inglés, con su sombrero hongo –orinal invertido- alojando mierda, cerebro mierda y snobismo mierda. Odio a los ingleses, sean de la nacionalidad que sean, ojo. Odio la flema, británica o expectoral. Odio a los no fumadores, sobre todo si me culpan de su tos y de la de sus innecesarios hijos, mientras pasan por alto a los autobuses gasoleoadictos  -escépticos de bombín y monóculo, de fachada obra vista-..... pero también a los vociferantes telecinco que insultan a los médicos y hostian a los maestros de escuela. Imitadores de opereta: te pegaré como en el cine... te humillaré como en el reality... te joderé como en la X. Mas no te amaré jamás, tarado, eso ni lo sueñes. Exageraremos hasta la exageración. Nos romperemos las costillas en el fútbol mientras aplaudimos el ritmo de ingresos de la estrella. Y moriremos al final sin poder ni echar -¿qué mal hace?- un triste pitillo de muerte esbozada al carbón. Es una muerte de perfil bajo, no nos engañemos. Que fumar es muerte, pero menos. El culo de los cadáveres también es de perfil bajo, es cuero arremolinado, en palabras de Cela, el desagradable Cela, gallego de la Galicia, de esa porción de Portugal que está en España. A ver quién exagera más. Hay un premio de cien mil millones de trillones de billones de dólares canadienses -¿aún no está Canadá en la unión europea?- para el que lo consiga. ¿Que no se ha alcanzado el tope de la exageración?: Parece mentira. Bah, eso lo resuelven una legión de raperos rimando mierdas a saco -ripieros, se ajustaría más- y un rapsoda de aspecto estudiado pretendiendo que la poesía es algo, si la envuelves en los debidos celofanes contemporáneos. Que no, mushasho, que no, que te puedes meter los poemas en el culo, que no distingues qué palabras faltan y qué palabras están de más. Exageración escénica, y punto. British bombín, ya te digo. Té con pastas. No me extraña que en el año 83 –hace dos crisis-  dieras una patada a una piedra y salieran de debajo veinte yonquis con la jeringa colgando: es que la felicidad engancha. Y más si es exagerada.

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