domingo, octubre 25, 2009

 

-NO PROFANAR EL SUEÑO DE LOS VERSOS-

Poesía: arte masturbatoria por excelencia.
La poesía cuenta al poeta. Su verdad o su mentira. Su verdad y su mentira como dos borrachos al alimón. Un palosanto y una sandía en el minipimer. Una vivencia heredada del abuelo muerto y una supuesta en el hijo nuevo.
“No Profanar el Sueño de los Versos” se llama el libro.
La poesía en los últimos cien años se ha guarrificado en la misma proporción que el resto de la vida.
(Luego, igual no miente tanto)
Poesías eyaculadas sobre hojas de papel. Clímax de dolor tanto más que de gozo. Pellizcos de monja exmonja antimonja postmonja y nuncamonja, de resentimiento, de desafío, de nostalgias, de desprecio, de pasotismo. Y de amor, -oh, niñojesús bendito- de amor, palabra hecha de mierda imprescindible.
“No Profanar el Sueño de los Versos”
Diego Ávila, lo ha escrito.
Poesía zombie, le dice él.
Poesía muertaviva, de vocación infecciosa.
Poemario dibujado con el príapo.
Y lo recomiendo.
Porque es bueno y hasta muy.
Porque me ha gustado. (No hay crítica mejor que esa)
Porque desconozco su biografía y nada me influye.
Porque no necesito mil páginas para contarlo.
Y porque tiene latigazo.
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Y ya que estamos con gran literatura, un cuentito infantil y también pelín zombie.
Va por usté.


Comments:
la ingestión de la aguja me ha recordado un parágrafo que me dejó tiesa de los hermanos karamazov... el ingiriente también era un perro.

deker, su colección de muñecas es envidiable. ¿las customiza ud.?
 
No, no son mías las muñecas. Son cosas que hay por mi casa, donde cada habitación es un mundo.
Y usted, muñeca, ¿se customiza o no se ha adherido aún a la corriente Corporación Dermoestética?
(Yo estoy por aumentarme los codos y rinoplastearme algo de la cara)
 
qué interesante debe ser su morada. sólo equiparable a los sótanos del louvre... a que no me equivoco?
 
Pero por dios...¿ha decidido montar un todo a 100 este halloween?

¿de quien es el corpiño?
 
Bueno, trastos hay unos cuantos, sra. muñeca.

En realidad es un bolso, y además no lo llevo nunca porque no me va a juego con las bambas, sr. morsa.
 
El corpiño negro es un clásico de la lencería femenina agresiva, pero me va más en plan femme fatale que con el rollo gótico-macabro.
 
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