martes, agosto 04, 2009

 

-EL JUSTÍMETRO-

Dicen que Don Luis (el Buñuel) temía de los tiempos que ya no iba a ver, la sobreinformación o superinformación. (Bautícela cada cual como le dé la gana)
Pues bien, yo le cuento, difuntísimo paisano:
2009. Hay gente tan ilustradamente desorientada, que cree que información es sinónimo de inteligencia, o raciocinio, o sabiduría, o vaya usted a saber, y que el que antes la descubre es el más lince. (Y el que no se alimenta de eso, un medieval sin criterio) Es como un concurso de velocidad en el que se juega uno el prestigio minuto a minuto.

Dramatización:
Datos, datos, necesito mi ración de datos, por favor, coleguita, dame argo pa datos, que hace una semana que no me entra de ná, que estoy mu pillao...

No añoro otros ahoras. Serían arrugas de reaccionario. No es eso.
Todos los tiempos que he vivido, absolutamente todos, eran a la vez una maravilla y una mierda.


Pero, ¿qué hacen perdiendo su tiempo conmigo?
Corran, corran, que quizás - no descartemos ninguna posibilidad- a fuerza de correr averigüen hacia qué.

Comments:
deker. por eso soy adicta a su blog. (lea una reverencia, que la hay)
 
Y los porros.
 
¿Pero y el amor? Venga, no me diga que el primer amor correspondido, esa empalagosidad a chorro gordo, no es buena.
 
Usted es una gran muñeca. Mucho más que las de los tenistas. (Incluidos Nadal y Federer)


Por supuesto, Surlaw, eso está en el capítulo de maravillas. En cualquier tiempo.

Venga, unamos nuestras manos y gritemos todos juntos a los cielos:
¡Chorreamos amor. Gracias Señor!
¡Oh my Lord!
¡My sweet Lord!
 
Estooooo maravillas y mierdas, tu lo has dicho, mejor no lo puede decir nadie pero digo yo, ¿de verdad recibimos información cierta? tic tac tic tac.

Como siempre, acabas sorprendiéndome.

Besitos de miel.
 
Ellas siempre quieren que las sorprendas.
 
El saber no ocupa lugar. Será por eso. Sólo ocupa lugares comunes que parten de esta premisa común. Me recuerda a una militar joven y morena con las tetas al aire que este verano me salvó de la corriente en la playa: no sabía de ella, no sé de ella y sé que, nunca, sabré de ella. Me dio un lugar común: la vida sin lucha. Me reconcilió con la madre, con la mía: me salvó. No he aprendido nada: deseo. Cuánto lugar ocupa el deseo. Yo salvé a una vieja y una morena de grandes tetas me salvó a mí. No tengo a mi alcance ni conocimiento ni tetas. Pero cuánto lugar ocupa.
 
Querida abejilla lucera:
Seguramente lo que ocurre es que recibimos información que es una maravilla e información que es una porquería.
(Demasiada información en cualquier caso)

Un osculillo de milhojitas con crema.
 
Pues usted es bastante sorprendente, sr. Surlaw. Lo tiene a huevo en la vida.
 
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
 
El saber y las tetas ocupan lugar, pues ambas materias tienen tallaje.
Pero:
¿La dimensión ocupa lugar?
¿Sabemos de qué tamaño es una dimensión?
¿Una unidad métrica puede ser más ancha que larga?
¿Por qué la Ley de la Gravedad odia tanto al plomo?
¿Para cuándo una hectárea plegable?
Y lo que es más importante:
¿Cuánto espacio le hubiese ocupado, Opal, el número de teléfono de la salvadora de la playa?
O:
¿La yaya no le pidió a usted su número, ni le ha hecho amigo facebook?
¿Es que no nos damos cuenta? por dios ¿es que no nos damos cuenta?
Es aterrador no saber cuánto miden las cosas cuantificables.

Felicidades a los tres.
 
No nos damos cuenta, no. Pero en mi descargo he de decir que mi lustrosa salvadora, tras el percance, estaba en compañía de cinco amigas en un gineceo de toallas extendidas en la arena y yo, obnubilado, sólo quería hacerme pequeñito junto a ellas, regarlas de hijos y verlas crecer. Pensamientos inconfesables que, de haberle pedido el teléfono, estoy seguro hubiesen advertido todas ellas.
 
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