sábado, mayo 31, 2008

 

--EXCEPCIÓN--

No es mi estilo publicar aquí mensajes personales, como si un blog fuese un diario íntimo, ya que aunque parezca lo contrario, no me gusto lo más mínimo. Es más, una vez fui a un centro estético-plástico de prestigio para ver si me podían extirpar, y se negaron. Les dije que me trasplantaran algo al menos, cualquier cosa, fuera de mi cuerpo incluso, el brazo de un fiambre entre los omoplatos o así, para ver si me aceptaba de una santa vez. (Perdón, quise decir puta.) ¿Lo ven?, no me llevo bien conmigo, me discrepo, me discuto living. Yo hubiese sido un hombre sin carencias si llevase parte de otros personas en mi anatomía para completarme, estoy seguro a todo riesgo de ello.
En fin, la cosa es que estoy pasando un bache muy hondo, y siento nostalgia de las gentes que amo con toda su alma y que por mis cambios de hábitos ya no tengo cerca, de las gentes que he amado como sólo se puede amar en una terapia de grupo, de las gentes que están heterogéneas perdidas de la cabeza.
No me identifico conmigo mísmerly y me sorprendo hablando en idiomas que apenas conozco, tex-mex, teutón, noruego, borgoñés de la provenza...
Creo que vivo en un agudo resoplado de la flauta de Ian Anderson, el líder multiinstrumentista de Pietro Tull. Y eso que ya no me pone esa música. Quizás esté viviendo en algún episodio que me marcase para siempre en mi adolescencia, quizás el de aquella primera visita al dentista que llenó de sofisticado cemento uno de mis molares para asesinar las caries que de él habían hecho domicilio. Yo amaba mis caries, las imaginaba como gusanillos en una acogedora cueva de mi propiedad intelectual. Ellas eran así como inquilinas de mí, y yo su orgulloso casero. Pero ese malnacido odontólogo las enterró en vida.
Sí, creo que estoy anclado a ese funesto hecho.
Estoy viviendo en un empaste.
Esta película ha obtenido siete nominaciones en la Berlinale de Venecia. Opta a mejor director, mejor actor, mejor argumento, mejor doblaje, mejores efectos, mejor largometraje de dos minutos y medio, y mejor vestuario.

Agradecimientos:
Massimo Dutti.
Ray Ban Damme.
Opal Vajillas.
Esgarrae Sociedad de Autores.
Alfil & Alcabo Modas Bisex.
Inodoros Warrus.
Chancletas Fluchos.
Cluster Bicarbonato Módico.
L.A. Lakers.
L.A. Woman.
La Chanson française.
Museo del Antifaz.
Feria del Juguete.
Arzobispado de Mónaco.
Danacol Antisalud.
Berlinale de San Sebastián.
Real Colegio de Estomatólogos.
Festival de Fado Villa de Madrid.

Os amo a todos y os dedico esta espléndida obra de arte. Sin vuestra aportación no hubiera sido posible. Me habéis ayudado a crecer como persona y como vegetación.
Un beso.

sábado, mayo 24, 2008

 

LOS MIEDOS (Revisión del tema desde una impresionante madurez.)

Cuando uno hace algo medio bien, cree que es cojonudo; cuando uno hace algo mal, cree que está bien; cuando uno hace algo muy muy muy mal, joder, debería darse cuenta y corregirlo.
Esta película está remontada. Ya no es la que era. Nada que ver. Antes estaba muy muy muy mal y ahora es cojonuda.
En ella el autor nos quiere decir.... Bueno, mejor nos lo dice él:
-Sí, esteeee.., en esta peli pretendo mostrar una visión particular el mundo que nos rodea. El hombre tiene miedos. A cualquier cosa le tiene miedos. No sólo un miedo por cosa, sino varios. Miedo al qué dirán. Miedo al qué pensarán. Miedo a nacer y que le pegue un médico. Miedo a que el médico haya salido un momento al lavabo y le cojan el relevo unos pandilleros con tauajes hasta en el golfo del culo. Miedo a estar tan solo, que nadie quiera pegarle. Miedo a estar asustado. Miedos.

Un ataúd es una canoa sin remos. Miedo.

No saber de qué materiales están hechos los hercios, las ondas y los decibelios. Miedo.
Descubrir que se es alcohólico cuando a las siete de la mañana le tiembla la botella. Miedo.
Romper la hucha y comprobar que está llena de deudas. Miedo.
Mirar en derredor y ver que el derredor se ha ido. Miedo.
Escuchar la voz del dentista diciendo que esto te puede doler un poquito. Miedo.
Entrar en la pescadería y preguntar quién es la última. Miedo.
Estar dos horas intentando hinchar un calcetín a soplidos. Miedo.
Sonarse con tal fuerza la nariz que los ojos vayan a parar al pañuelo. Miedo.
Ser uno mismo sin que nadie le defienda de sí. Miedo.
Que 78.560 sea la resultante de 18 multiplicado por no se sabe qué número. Miedo.

Un ataúd es una embarcación sin quilla.
Un sudor frío recorre mi espina dorsátil y el word no corrige esa palabra. Pánico.

domingo, mayo 18, 2008

 

-DIÁLOGO PARA UN TELÉFONO QUE NO TENÍA LA CULPA-

-¿Sí.? Hostal El Pequeño Sardinero. Dígame. ¿En qué puedo atenderle.?
-Hola. Llamaba para informarme, porque quería hacer una reserva del 85.
-¿Cuántas habitaciones.?
-Dos.
-¿Simples o dobles.?
-Según como sean.
-Las dobles tienen, o bien dos camas de matrimonio, o bien una cama de persona flaca, o bien un canasto con periódicos recortados. Y las simples no podemos reservarlas porque están ocupadas por una litera, una mesita de noche, un escritorio y un armario empotrado en el armario de la habitación contigua.
-¿Y el lavabo es comunitario o individual.?
-De todo tipo. Hay comunitarios e individuales, y un tercer modelo de cuarto de baño para individuos comunes. Todo cerámico con vistas a una mampara. Espejo a una cara. Grifería hueca y agua emanada en ocasiones muy especiales. Ah, también hay minibar con pequeño camarero.
-¿Y cuánto cuesta.?
-Pues unos 375 euros, IVA aparte, impuestos aparte, importe total aparte, por persona y precio.
-Muy caro me parece.
-Piense que tiene también la opción de conexión a internet inalámbrica que ya entra en el precio abonando un plus de 38 euros, y una conexión-oferta con cable pero sin pantalla, que le sale a 15 euros módicos y le da derecho a la mitad de un teclado. También tenemos plaza de parquin para vehículos cuya longitud no exceda de un coche coma seis motos, y teléfono automático inteligente: ya tiene hechas las llamadas para que el cliente no tenga que molestarse.
-No sé, creo que se me dispara un poco.
-Son precios de mercado, y si me apura, hasta bajos. ¿Usted tiene idea de lo que vale hoy en día un mercado.? Pero, bueno, dígame las fechas que le interesan, para ver si hay plazas.
-Del 4 al 9 de agosto, ambos inclusive excepto el 9, que tengo que irme por asuntos de trabajo.
-O sea 36 noches y todas en agosto, temporada alta. ¿Y prefiere pensión completa, media, o ayuno.?
-Hombre, me interesaría desayunar por completo algunas mañanas y beber agua en la canícula debido a los rigores del estío.
-Eso se puede arreglar siempre que se traiga vaso, que a mí no me gusta beber donde ha bebido un extraño.
-¿Y de dónde saca usted que yo sea extraño.? ¿Por qué prejuzga, hombre.?
-Disculpe. Es que siempre me dejo llevar por las intuiciones y los taxis. De todos modos si no ha estado nunca en Santander, le encantará. Y además en nuestro hostal el servicio es auténticamente familiar. O sea que tráigase algún pariente para que le prepare la cama y despeluse la bañera.
-¿Pero ese pariente también habrá de pagar.?
-Sólo los costes y el autónomo. Que nosotros no queremos líos con el ministerio de trabajo.
-¿Y está bien ubicado su hostal.?
-Inmejorablemente. A 15 minutos del centro, a 16 horas de la bahía de Cádiz, a cuatro pisos de la calle, y justo frente a la incomparable playa del sardinero.
-Suena atractivo, pero ¿está limpia el agua.? Porque el año pasado fuimos a la desembocadura del Ebro y aquello era un asco, basura por todas partes, la arena un lodazal, todo plantado de arroz y mosquitos como parapentes.
-No, no se preocupe. Cantabria es otro mundo. Aquí el gobierno regional tiene unos servicios de limpieza que son la envidia de Europa. Al cantábrico le cambiamos el agua cada día, amigo.
-Bueno, pues me fío de usted. Resérveme dos habitaciones para cuatro personas.
-Muy bien. Sus datos, por favor.
-Guillermo Salcedo Vázquez, pero me llaman el Guille, el Salce, o el Quez; con carné de identidad en regla a nombre de mi padre.
-Vaya, con eso podemos tener algún problema.
-No, no pasa nada. Yo figuro en el carné como portador habitual.
-Ah, vale. Bueno, pues ya está. Tendría que abonarme algo ya para solidificar la reserva y para que llegado el día no se encuentre a varias familias de turistas ocupando su habitación.
-¿Cuánto le tengo que adelantar.?
-El 50% del total, más otro 50% del restante 50%.
-¿Se lo doy ahora mismo.?
-Hombre, vía teléfono no es fiable, ya que si está pinchando la línea algún listillo, se podría apropiar de los dineros. Mejor se llega usted en un salto y me lo da en mano. Yo estoy en recepción 24 horas y no me largo hasta las 20´30 como mucho.
-Pero eso es un engorro, hombre de dios. ¿No sería más fácil que se lo ingresara en una cuenta bancaria.?
-Sí, tiene razón, sí. Entonces puede meterlo en la sucursal que tiene Banesto a sólo unos metros del hostal.
-Bueno, eso ya es más lógico.
-Bien, pues si no se le ofrece nada más, ya está todo arreglado. Tenga un buen día, caballero, y espero verle.
-Igualmente. Muy amable. Hasta luego.
-Por cierto, Guille, no cuelgue: ¿usted cree que se puede ser o no ser.?
-¿Qué.? ¿Con esas me viene ahora.? Pues ya me ha acabado la paciencia. Anule la reserva y olvídeme.

viernes, mayo 02, 2008

 

--EL CUERPO Y LA MENTE--

El cerebro es un intestino. Por esa razón, lo más corriente es que en su interior no habiten sino las heces fecales de la cabeza. Y eso es porque no entrena. Hay que estimularlo, darle friegas, untes y ungüentos.
El pensamiento es una sustancia material, una reacción de equipo. La electricidad estática, extática, estética, la desustanciación química, el área de soporte físico, la energía febril calorífica, e incluso la cefalea como agente de seguridad y alarma por sobrecarga, forman ese producto intangible al tacto. Y el pensamiento somos nosotros. El cuerpo es logística. Cuando se proyecta un pensamiento, el cuerpo queda exangüe, ya que nos hemos ido momentáneamente de él, y si hay atasco tardaremos un buen rato en volver. No hay nada que sea más nosotros que un pensamiento. ¿Entonces al cuerpo que le den.? No, no, no. Al cuerpo hay que tenerlo a gusto, porque como no piensa y es tirando a primitivo, lo mejor es contentarlo con terrones de azúcar o sardinas después de que haya hecho lo que le demandábamos. El cuerpo está más contento si le echamos de comer y de beber, que si lo tenemos a dieta contemplativa. El místico, el fakirino, el filosofillo trascendentista, se lía a deyectar sin pausa con la mente y olvida que la rudimentaria máquina que posibilita eso es el cuerpo. Entonces el cuerpo se viene abajo, se depaupera, se junde, y no halla motivos para suministrar el carbón necesario a ese pensamiento que pretendemos evacuar del cerebro para ser más nosotros cada vez.
Por eso queridos discípulos, amad la mente, la filosofía, el pensamiento, el espíritu, y todo lo parahumano que queráis, pero no releguéis al cuerpo a un papel meramente accesorio, vehicular, utilitario o subalterno. Dadle alegrías y algún homenaje. No lo mortifiquéis pretendiendo para él una vida de cien años. El cuerpo es una piltrafa estructural, vale, pero si lo tenéis siempre puteado y sólo le dedicáis atenciones al pensamiento, ese pensamiento será a la larga una mierda, y la imagen del cerebro como intestino dejará de ser una metáfora.

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