martes, agosto 12, 2008

 

-QUE LO QUE YO HE UNIDO, NO LO SEPARE NI DIOS.-

Sé que no soy dios.
Pero, bueno, eso no tiene ninguna importancia.
Lo que sí es importante es que sé que si yo no soy dios, aún menos lo será cualquier otro.

Y, e, ni, que.
Son las conjunciones copulativas. Esos elementos del lenguaje que debieran ser prohibidos, a no ser que se tomasen al escribirlos eficaces medidas profilácticas, ya que se trata de piezas gramaticales matrimoniantes.
Y el matrimonio es sagrado, mucho ojito. Aunque suela ser contraído mayormente por un par de cerdos cuyo único objetivo es abandonarse al fornicio disfrutando de los bienes con que han sido obsequiados.
Fasto, boato, ostentación.
Los casamientos también deberían estar prohibidos. O sólo admitidos si los contrayentes jurasen divorciarse lo antes posible.
Y es que las bodas son una interminable cadena de formalidades sociales y civiles y religiosas, una sarta de tópicos folclórico-televisivos, como el capítulo final de un nauseabundo culebrón; una castaña pilonga en definitiva.
No me gustan.
Nunca me han gustado.
Excepto ...
si la boda en cuestión...
la oficio yo.

Comments:
Pues claro coño, Dios soy yo. Yo, solipsista. Usted es un muñeco, Deker.

Me gusta su perillita, me recuerda a un coño invertido.
 
Ja!!!!
Sí, sí, yo seré un muñeco, pero me muevo los hilos, no como usted, que como mucho es una suerte de arcángel residual hecho de hormonas que le comen el cerebro y le nublan el entendimiento.
(He dicho que si yo no soy dios, nadie puede serlo, y punto.)
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Como encima se excite con mi sub-bigote, voy a su casa y lo muelo. A ver si ahora en su particular ranquin de objetos sexuales me va a incluir justo detrás de los morros de la yojanson. ¿Usted no se detiene ante nada.? ¿No tiene un mínimo de moral.?
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Ah, y en vez de coño, por qué no usa sinónimos más naïf, tipo chuminín, almejilla, potorrito...
Hombre, que en un medio como este hay que guardar un poco más las formas. Grosero de mierda.
Además, a un hombre capaz de oficiar matrimonios hay que respetarlo. He alcanzado un grado de santidad bastante notable.

En mi modestia, creo sinceramente, que a partir de este punto, la gente tendría que rezarme.
Un beso.
 
Yo, desde que he empezado a querer follar, he alcanzado un grado de sanidad bastante notable. Me refiero a sanidad de lavarme los sobacos y tal, porque de la mental no estoy tan seguro.

Pero de lavarse los sobacos a recortarse la perillita con formas chic hay un trecho. Lo segundo es de tías o de maricones. Un macho testosterónico se deja barba rala, como yo. Me la recorto cada semana por simple comodidad.
 
Sí pero, ¿a que ya soy clavaíto a Frank Zappa.?
 
Ahí está, como un adolescente que quiere parecerse a su ídolo...
 
No, no, como un adolescente no: como un yayo.
Los carcamales también tenemos derechos, oigas.
 
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