domingo, junio 08, 2008

 

-SATURDE NAIT FEVER-

Estaba deseando que llegase el sábado noche. Sé que muchos sábados alguien,- una oscura mano- introduce huevos dentro de mi cabeza y se me monta un revuelto de sesos.
O tal vez es que me ponen cosas en las bebidas. No descarto que sea ginebra o vodka.

Seguro que ya antes de llegar al pub, en los mesones, los camareros, -que me odian todos sin excepción- ya habían metido en alguno de los vasos que yo iba a usar, cerveza y vino.

Cuesta pensar con la cabeza como una sartén que saltea ingredientes tan heterogéneos, sustancias que se odian entre sí y se pelean en la barriga rompiendo los muebles que en ella encuentran. Átomos fritos, moléculas en vinagre, células muertas al vapor...

Y encima al tipo del discobar le dio por los 80´s. La década más lesiva que ha existido para la música. Ni son sus tiempos ni nada, pero seguro que lo hace por joder.

Es que los sábados nait son muy traicioneros. Los pensamientos van como telegramas, en pinchazos morse.
Es un momento de magia, de magia diabólica. Hasta hubiese querido que viniera el abuelo del Sábado Negro a toserle la cara al barman y a clavarle la armónica entre las costillas.

Porque el mismo cerdo que subía los decibelios del maldito tecno, al mediodía siguiente, se pasaba la resaca tocando sardanas con su clarinete castrati. Domingo de resurrección. Luce el sol y remata la semana.

A mí me hizo polvo, pero tengo una cámara, una pequeña cámara de torturas con la que vengarme íntimamente. Él no se dará cuenta, pero yo sí.

Una más de Duran Duran y te quemo el local. Estás avisado, malnacido.

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